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E: ¿Y cómo es que te viniste a Alemania?
¿A estudiar?
C: No, porque quería conocer Alemania, había estudiado
el idioma y quería ver otra cosa, salir... Y salí.
Llegué a Augsburg, donde tenía parientes, aunque no
directos, luego fui a casa de otros parientes en Suiza, y entonces
sí que decidí quedarme a estudiar. Creo que fue también
quizás la posibilidad de volver a la docencia que siempre
me había encantado, pero en Argentina yo sabía que
no se puede vivir de ello, la situación estaba tan mal...
E: ¿Habías estudiado en un colegio
alemán? ¿Y eso?
C: Bueno, en un colegio bilingüe alemán-castellano.
Mi abuelo era alemán. Emigró en 1938 por razones políticas,
ya que era periodista y socialista. Estuvo primero en Inglaterra
y finalmente se marchó a Argentina. Y hubiera querido volver,
pero fundó una familia y qué se yo, la vida...
E: ¿Cuál era la relación de
tu abuelo con la cultura alemana en Argentina? ¿Tenía
contactos con otros emigrantes alemanes?
C: ¡Uy, sí! Y fue un problema familiar, porque muchos
se casaban entre ellos, y mi padre no, él se casó
con una argentina , ja, ja, y en casa hablábamos castellano
y teníamos las costumbres del país...
E: Pero fuiste a un colegio bilingüe...
C: Si, bueno, ya sabes, las raíces... No, no, yo tengo
que decir que crecí con las dos culturas. Por ejemplo, festejábamos
Navidad a la criolla con el pesebre y con todo lo que se festeja
en Argentina, y también lo hacíamos a la alemana,
con las velitas, el Tannenbaum y cantábamos Oh,
Du fröhliche, pero sin iglesia, todos ateos... Cuando íbamos
a casa de mis abuelos paternos era como si fuéramos a otro
país, comíamos a la noche pan con fiambre y "saure
Gurken".
E: Por el hecho de tu ascendencia alemana y de ir
a ese colegio, ¿no te sentiste extraña en la sociedad
argentina?
C: Bueno es que mi familia nuclear no contaba como alemana, es
más en mi colegio yo era "la más argentina".
En ese sentido llamaba más la atención en la escuela
alemana, ahí había una arrogancia muy fea. Yo mamé
una parte muy arrogante de la cultura alemana de muy pequeña
por parte de los compañeros. Yo no mandaría a mis
chicos a ese colegio, aunque claro es una riqueza muy grande, si
no hubiera ido no hubiera podido entablar una relación tan
estrecha con el idioma.
E: ¿Y hablabais con tu abuelo en alemán?
C:Sí, conmigo siempre hablaba en alemán, no recuerdo
haberle escuchado una palabra en castellano, pero con mi madre claro
lo hablaba, porque ella no sabía alemán. Sin
embargo, mi padre no, nunca hablaba conmigo en alemán.
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E: ¿Te consideras bilingüe?
C: Espontáneamente te diría que no. Creo que bilingüe
se suele definir cuando eres niño y yo entonces no lo era,
sentía en castellano, pero siempre tuve una comunicación
muy buena con el alemán, quizás por la relación
que tenía con mi abuela, con la que también hablaba
en alemán. Y después de tantos años en Alemania
siento que ya pienso en alemán en muchas cosas y cuanto más
tiempo pasa más plástica y linda me resulta la lengua,
quiero a la lengua alemana.
E: ¿Y te gusta enseñar alemán?
C : Sí, me gusta mucho. Me identifico mucho con los alumnos,
porque sé que los entiendo muy bien. Yo también tuve
que aprender mucho cuando llegué y tenías dificultades
con el Dativ y el Akkusativ y con aspectos de la cultura.
Disfruto mucho con las clases. Tienen una riqueza enorme, hay
gente muy mezclada en cuanto a la clase social, la edad, la nacionalidad
pero con un interés enorme por aprender y con algo muy fuerte
que los une que es el llegar a sobrevivir en este país, el
encontrarse y sentirse bien. Tú te das cuenta de que les
das algo esencial, porque a veces eres la única persona con
la que hablan alemán. Es muy intenso. Además creo
que en realidad les gusta que yo no sea alemana porque tienen otra
conexión, son más sinceros y más críticos;
piensan que yo no me voy a ofender o a molestar por ello.
E: Me parece admirable poder identificarse con
dos lenguas, dos culturas y además ser capaz de transmitirlas...
C: Sí, además me permite trabajar con alumnos muy
diferentes, de aquí, que quieren aprender el castellano y
de otros países que necesitan aprender el alemán.
De todas formas mi idioma. el que siento más íntimamente,
el argentino, ése no se lo puedo dar a nadie, me encantaría
pero no es el castellano que enseño, porque es demasiado
específico, aunque sí que pueda sensibilizar a los
alumnos hacia las variantes que existen y les enseñe algunas.
Sería lo mismo si fuera de Baviera o de Suiza, que no enseñaría
ese dialecto en clase.
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