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Historia de la escuela
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1988
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La maestra ecuatoriana Margarita Richard compra
una tierra inhabitada y obtiene el permiso para construir una
escuela en los alrededores de Guayaquil. Las clases empiezan
con solo 25 alumnos.
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1994, dos clases en un aula de caña

El jardín de infantes

Practicando con ordenadores hechos de papel

La nueva escuela

Antes de clase
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1989
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El número de los alumnos se dobla. Se
construyen dos cabañas de caña más y se
contrata a más maestras.
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1991
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Más de cien niños van cada dia
a la escuela.
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1994
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Se crea un jardin de infancia.
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1997
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Alrededor de 240 niños van a la escuela.
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1999
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Se inician las obras para reedificar y ensanchar
el edificio de la escuela.
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2000
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Más o menos 300 niños van a la
escuela.
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2001
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Debido a una donación generosa pueden
engrandecer los edificios de la escuela y del jardin de infancia.
Tambien se mejoran los servicios sanitarias. El número
de los alumnos aumenta a 350.
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2002
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Se recolectó todo tipo de material como
por ejemplo, mesas, sillas, pizarrones, acuarelas, computadoras,
copiadora, papel, etc.
15 de enero la empresa Naviera P & O´Neil a
través de un colaborador, puso a disposición un
contenedor para enviar todo este material a la escuela sin costo.
Agosto. La señora Mónica Casas Gil, ex-estudiante
del Colegio Mater Inmaculada, de la ciudad de Madrid, residente
en la ciudad de Frankfurt, entusiasmada con la idea de ayudar
a la escuela se puso en contacto con la madre superiora de este
establecimiento, y ella, con alegría transmitió
el mensaje a sus compañeros, estudiantes y padres de
familia, recolectando más de 3000 libros de lectura que
enviaron a la escuela. Por esta razón contamos actualmente
con una biblioteca.
Octubre. Los miembros de la Fundación "Tía
Margarita" en Guayaquil, logran de que el Ministerio de
Bienestar Social, done a la escuela productos básicos
alimenticios como, por ejemplo, arroz, azúcar, harinas,
trigo, frejoles secos, aceite, para el inicio de nuestro comedor
escolar.
Para completar los ingredientes y poder dar un almuerzo escolar,
cada niño tiene que aportar 20 centavos de dólar.
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2003
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El Kinderhaus de la Heinrichstrasse de la ciudad de
Hamburgo, hace una donación para comprar un lote de terreno
donde se aspira en el futuro a construir 2 salas para que funcionen
debidamente el comedor y la biblioteca escolar.
13 de mayo
Recibimos la buena noticia de que, tras muchos problemas burocráticos,
el contenedor que se envió hace un año hoy fue
llevado a la escuela.
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Sobre la escuela
¿Por qué la llamaste "Caminito de Jesús"?
Margarita: Uy, ésa es una historia muy, muy larga. Mi
madre se llamaba Mariana de Jesús, y yo quería ponerle ese
nombre. Pero en mi ciudad ya había muchos centros con este nombre
y cuando fui a inscribir la escuela, me dijeron que tenía que buscar
otro. Y claro ya quedaban pocas horas... Entonces con otras profesoras
estuvimos pensando y una me dijo: "Mira como tú te levantas
a las cinco de la mañana y tienes que hacer un camino muy largo
hasta la escuela ¿por qué no le ponemos "Caminito de
Jesús"?" Y así fue. Todos piensan que es por religión,
pero no, es por el nombre de mi difunta madre.
¿Cómo empezó la escuela?
M: Pues por iniciativa propia. Yo trabajaba alrededor de esa comunidad,
que en ese tiempo no era nada, eran terrenos vacíos que la gente
iba ocupando. Mi idea era crear allí una escuela. Y hablé
con el presidente de la cooperativa y me dijo que sí, que podía
hacerlo. Claro que estos presidentes son unos corruptos que te venden
una tierra y al día siguiente si no estás ahí, pues
la revenden. Y así pasó. Yo había comprado ocho terrenos,
pero claro era imposible estar allí todo el día vigilando,
aunque tuviera el apoyo de los vecinos del sector. Así que fueron
unas peleas terribles, pero bueno al final me quedé con cuatro.
Comencé con una cabañita, con techo de plástico.

La zona alrededor de la escuela
¿Y por qué en esa zona?
M: Porque practicamente era una zona que recién se estaba
asentando; eran más o menos unas 700 familias. Era una zona virgen,
no había nada.
¿Cuántos alumnos tenías entonces?
M: Cuando empecé en noviembre de 1988 tenía 25
niños, divididos en tres grupos, aunque solo había un aulita.
Ya en el siguiente periodo lectivo vinieron más niños, más
o menos eran 57. Y claro ahí con mi sueldo todavía pude
pagar a una estudiante para que me ayudara.
¿No fue una decisión muy radical la de marcharte a otro
país para financiar la escuela? ¿No había otras alternativas?
M: Sí, claro. Yo nunca tuve la idea de dejar mi país.
Pero pasaron cuatro años y ya yo tenía más de 120
alumnos, tenía más responsabilidad, no me podía echar
atrás, ¿quién se iba a hacer cargo? Ninguna de las
profesoras que me acompañaba lo iba a hacer. Yo buscaba las posibilidades
económicas, pero con el sueldo que tienes allá, como maestra,
pues no te hacen un préstamo fuerte. Tampoco había podido
ahorrar como para tener un capital, ya que de mi sueldo tenía que
pagar a los maestros y además subsistir. Como era una empresa privada,
aunque fuera sin ánimo de lucro, pues no tenía apoyo público.
Fue más de un año la lucha en mi pensamiento hasta decidir
venir y buscar otra manera.
Pero ha merecido la pena, ha funcionado...
Sí, claro, si no, hace ya tiempo que no existiría la
escuela.
¿Qué años cubrís de escolarización?
M: Nosotros cubrimos la escolarización normal obligatoria,
que son seis años de primaria, además del jardín
de infancia que también ofrecemos. Somos una escuela normal, aunque
es privada, se rige por los reglamentos oficiales.

Dos cursos comparten aula
¿Cuáles son las diferencias principales entre tu escuela
y una escuela aquí?
M: Las diferencias son muy grandes. Primero, es un escuela en un
país pobre, en sudamérica, con otras costumbres y otros
reglamentos, muy diversos de Europa, donde los niños practicamente
no tienen necesidad de pedir, sino que lo tienen todo a su disposición.
Los métodos de los profesores son también muy diferentes,
aquí en Europa están muy ampliados y tienen más posibilidades
de formación.
¿Y el papel de las maestras o maestros allí?
M: Nuestro comportamiento en la escuela como maestras es también
muy diferente. Nosotros llegamos a los niños con intuición
y cariño, y acá por lo que me he dado cuenta hay una disposición
de barrera, tú eres el alumno y yo el profesor. Creo que las maestras
no dan ese sentimiento que a nosotros nos enseñan. Yo no digo que
no sean capaces de transmitir amor, o si eso es amor, sino que pienso
que es su cultura y así lo aprendieron y así lo imponen.
Y nosotras somos diferentes, aunque no seamos madres, instruimos a nuestros
niños de forma diferente.
En Alemania, tenemos muchos problemas con la disciplina en la escuela,
¿cómo es allí?
M: Por lo general, los niños son ruidosos, hacen mucha bulla,
pero son muy respetuosos y disciplinados; a pesar de que la profesora
pueda virarse y los niños estén tirando un papel, pero no
es común que el alumno alce la voz a su profesora o le tire algo,
y espero que no se vea. El maestro todavía se siente seguro, querido
y respetado, y en nuestra escuela mucho más, los niños no
quieren irse, le tienen mucho cariño.
¿Cómo es la vida de los niños en ese barrio?
M: Pues después de la escuela, hay niños que tienen
que ir a cargar agua, a cocinar, a hacer la compra, o a ayudar a los padres;
otros tienen que trabajar en la calle: venden periódicos, caramelos,
zapatos... Muchos no tienen niñez practicamente. Otro problema
es la promiscuidad, porque en las casas hay poco espacio y hay muchas
parejas con muchos hijos, y bueno, pues se dan casos de abusos sexuales.
Esa falta de espacio contribuye al problema.
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