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A la voz de Pedro Salinas, a quien dedicamos nuestro número anterior,
se une hoy la de un compañero de generación poética
y de vida también peregrina, Rafael Alberti. Más de treinta
libros componen la obra poética de Alberti, del que siempre se
ha destacado la variedad de sus registros líricos y la maestría
de su técnica. Además de sus poemas nos ha dejado su teatro,
La Arboleda perdida (cinco libros de memorias) y sus numerosos
dibujos, grabados y litografías.
Alberti nace en el Puerto de Santamaría (Cádiz) en 1902,
un lugar cuya geografía marítima determinará su creación
poética posterior. Los juegos por las azoteas y a la orilla del
mar sustituyen desde temprano las clases del colegio de los jesuitas,
por las que no sentía un gran interés.
En 1917 su padre, representante de una destacada marca de vinos, decide
instalarse con su familia en Madrid. Aquí Alberti abandona el bachillerato
y se dedica a la pintura. La ciudad, que le parece triste y fea, le ofrece
sin embargo el valioso tesoro del Museo del Prado, de cuyas salas será
un visitante asiduo.
Sin embargo, con el tiempo Alberti consagra sus esfuerzos artísticos
a la creación poética y deja temporalmente de pintar. Entra
en contacto con los escritores de la generación del 27 y empieza
a frecuentar la famosa Residencia de Estudiantes. En 1925 obtiene el Premio
Nacional de Literatura, compartido con Gerardo Diego, por su primer libro
de poemas, Marinero en Tierra. Su inspiración básica
es la nostalgia de la tierra gaditana, de su mar y de sus salinas.
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Madrid, 1937.
Congreso de escritores.
A la derecha, Rafael Alberti y su mujer.
En el centro, Ana Seghers.

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Entre 1926 y 1927 escribe Cal y Canto, que supone un notable giro
hacia el barroquismo culto y la vanguardia, con varios poemas de inspiración
gongorina compartida con otros poetas de su generación. Precisamente
Alberti fue el secretario del Centenario que en 1927 aquellos jóvenes
poetas le tributaron a Góngora.
En 1929 se publica uno de los libros que más ha valorado la crítica,
Sobre los Angeles, fruto de una profunda crisis personal en la
cual el poeta se siente inmerso en un mundo caótico y sin sentido.
Los años treinta serán testigos de su activismo político
en favor de la República. En 1931 ingresa en el partido Comunista.
Funda y dirige la revista revolucionaria Octubre con su mujer María
Teresa León. Escribe obras de teatro y poesía de carácter
social y político; poemas comprometidos con el momento histórico
que le tocó vivir, recogidos después bajo el título
El poeta en la calle (1931-36). Esta voz poética que él
denominó "civil" le acompañaría desde entonces
junto a otras formas de expresión más íntimas.
En 1939 inicia un exilio que terminará el 27 de abril de 1977,
cuando muerto Franco, se conceda la amnistía a los presos políticos
y sea legalizado en España el partido comunista.
El primer destino de este destierro de 39 años fue París,
donde residió algunos meses, pero del que tuvo que huir ante la
ocupación nazi:
"En París continúo estas memorias, estos queridísimos
recuerdos de mis primeros años en el mundo, esta dulce, triste
y alegre arboleda perdida de mi infancia. Son las cuatro y cinco de
la madrugada. Día seis de octubre. La guerra otra vez ¡Qué
vacaciones más cortas, Dios mío! Cuando apenas comenzaba
a comprender de nuevo lo que es el caminar tranquilo por una ciudad
encendida, he aquí que Francia entera se apaga de pronto, sonando
las sirenas de alarma en París y los primeros cañonazos
en la línea Maginot. Aquí vivo desde el doce de marzo.
El día seis del mismo mes salí de España, de mi
preciosa y desventurada España, camino de Orán."
(La arboleda perdida)
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El siguiente destino será Argentina en donde vivirá hasta
el año 1962. En esta nueva residencia ven la luz destacados libros
de poemas y obras teatrales. Además Alberti volverá a su
obra pictórica; testimonio de este reencuentro es su magnífico
libro de poemas A la pintura (1945-1952). Otros poemarios de esta
época son: Retornos de lo vivo lejano (1948-1956) y Baladas
y Canciones del Paraná (1953-54).
Sin embargo, la situación política se complicó en
Argentina y con ello la seguridad de los Alberti, por lo que decidieron
marcharse a Roma, última etapa de su exilio y ciudad a la dedicó
el libro, Roma, peligro para caminantes:
"Cuando Perón tuvo en sus manos todo el país
y todos los resortes, se fue creando una situación más
difícil. Por ejemplo, María Teresa había trabajado
mucho en la radio y era popularísima, pues daba unas charlas
que se llamaban "Charlas con María Teresa León"
por una de las radios más importantes. Después, cuando
empezó la televisión, comenzó a trabajar también
en ella. Pero iniciaron las listas negras y nosotros quedamos fuera
de esos medios que, al fin y al cabo, nos proporcionaban la posibilidad
de ayudarnos a vivir, porque tú sabes que no sólo publicando
libros se vive." (Conversaciones con Rafael Alberti,
por Jose Miguel Velloso).
El mismo año de su regreso a España fue elegido diputado
por Cádiz, aunque a los dos meses renuncia al escaño para
consagrarse de nuevo a la poesía. En 1983 se le concedió
el Premio Cervantes, durante cuya ceremonia de entrega pronunció
unas emocionadas palabras en recuerdo de sus compañeros de generación
poética, especialmente de los que no pudieron regresar y murieron
en el destierro:
"(...) Nada hay más perturbadoramente doloroso que el
sentir cómo nuestras raíces, ésas que tenemos hincadas
hondamente en la tierra nativa, se nos parten. O, mejor diríamos,
nos las rompen violentamente, dejándolas al aire: una tremenda
arrancadura, pero que casi nunca llega a ser total, pues siempre nos
quedan ramales, largas guías, tentáculos agarrados a oscuras
profundidades que no podemos conocer. Así que todo lo que allí
dejamos hincado, roto, prendido en esas ensangrentadas entrañas,
puede ser aún más fuerte y doloroso que lo que arrastramos
con nosotros adherido, pegado sin remedio a nuestras plantas desterradas.
(...)
Nosotros, los que pudimos arribar a otras tierras, aun con las destrozadas
raíces al viento, lo hicimos, sin ni remotamente sospechar, desde
luego, que nuestro peregrinaje duraría casi cuarenta años,
premio este sólo para los que, al fin, pudimos regresar, ya que
tantos miles por aquellos países quedaron, y muchos para siempre.
Entre ellos, parte de nuestros más grandes poetas."
Hasta su muerte en 1999 seguirá publicando poemas y trabajando
en su obra pictórica. En esos últimos años recibirá
numerosos premios, homenajes y distinciones académicas.
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