"Pero nosotros hemos ido siempre perdiendo nuestras eternidades,
dejándolas atrás a lo largo de nuestra vida, siempre con
los zapatos puestos para echarnos a andar."
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De la época del destierro americano queremos destacar otras
dos obras de Alberti, se trata de los libros: Poemas de Punta del
Este (1945-56) y Baladas y Canciones del Paraná (1953-54).
El primero escrito durante los veranos que Alberti pasó en Uruguay;
el segundo inspirado en los paisajes argentinos del río que le
da nombre. Obras ambas en que de nuevo el mar de la memoria enlaza el
pasado y el presente del exiliado, las tierras que descubre y las otras
abandonadas. El deber que siente Alberti de no olvidar la guerra y a
sus víctimas oscurecen, sin embargo, muchos de los poemas nacidos
en una geografía luminosa. Así lo confiesa el poeta en
el prólogo al segundo libro:
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"Vuelven de nuevo a mí, con tanta intensidad como
en los claros momentos de Marinero en tierra, las canciones de
corte musical, de repetidos estribillos, pero de contenido diferente.
Como por transparencia, entrelazados al río y raro paisaje
que las provocan, se ven latir en ellas todos los años
de dolor y nostalgia que andan dentro de mí, al mismo ritmo
de la sangre; porque yo no podré cantar ya nunca dividiendo
en dos partes el correr de mi vida; aquí, de este lado,
lo sereno, luminoso, optimista, y de este otro, lo dramático,
oscuro, triste, todo lo señalado por los signos crueles
de mi tiempo. Por esta causa son así, no de otro modo."
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El Bosque
y el mar
I
Estos
rumores...
Estos
rumores, estos
leves susurros conocidos
de cielos, hojas, vientos y oleajes
son mis aires mejores, ya felices
o confesadamente melancólicos.
Vuelvo a encontrarlos, vuelvo
a sentirlos tan míos
después de tan alegres y cansados
recorridos por tierras veneradas
que eran mi vida antigua,
la clara vida cuando mis cabellos
al sol volaban libres, sin temores.
Aquí
están prolongados
en lamentos que fueron mi lenguaje,
en onduladas sílabas o en largas
conversaciones o en subido llanto.
Nada como
sentirse comprendido,
enlazado, mezclado, arrebatado
por este misterioso idioma de los bosques,
de la mar, de los vientos y las nubes.
Ya es una sola voz, una garganta
sola la que susurra,
la que viene y se va rumoreando.
Uno el sonido del total concierto.
Vuelve
el poeta al aire de sus aires.
(Poemas
de Punta del Este)
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Canción 5
Hoy las nubes me trajeron,
volando el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!
Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, a caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.
Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme agua.
(Baladas y Canciones del Paraná).
(Puede escuchar
este poema recitado por Alberti, al acceder a su página
oficial.)
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Después de América, una nueva estación en el exilio
aguarda a Alberti, será Roma. Esta nueva etapa en el destierro
supone la posibilidad de estar más cerca de España, de
recuperar una geografía conocida, la mediterránea, y su
cultura; no obstante, este cambio radical le inspira también
la nostalgia de las tierras americanas. Su maleta de exiliado incorpora
nuevas ausencias.
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Lo que dejé por ti
Ah! cchi non vede sta parte de
monno
Nun za nnemmanco pe cche ccosa è nnato.
G.G.Belli
Dejé por ti mis bosques,
mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.
Dejé un temblor, dejé
una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.
Dejé palomas tristes junto
a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.
Dejé por ti todo lo que
era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.
(Roma, peligro para caminantes,
1964-67)
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Rafael y María Teresa, en Roma, en 1969
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[1] León, María Teresa, Memorias
de la Melancolía, pág. 255
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