Lo que en uno se valora como esfuerzo y desarrollo
profesional, en el otro se ridiculiza como lo contrario a los "especialistas
naturales" (como si para éstos, se cita a Michael Johnson,
sus triunfos les hubieran caído de un árbol). Palabras
como marcial, robot, gigante, aplastar se repiten
en los comentarios de fútbol que luego veremos. Es una pena,
porque de este atleta, independientemente de su desarrollo deportivo,
como persona, se tiene una imagen muy distinta en Alemania, más
cercana a la que se ofrece del español, como un joven prometedor
y vital. Sería deseable que estas crónicas deportivas
demostraran un poco más de interés por los seres humanos
que hay detrás de sus líneas y por su esfuerzo, y no sólo
los nacionales.
Afortunadamente, el nivel del atlenismo alemán,
que desde luego no vive sus mejores momentos, nos ha ahorrado un número
más amplio de tópicos nacionalistas, lo que no fue posible
en el caso del Mundial de fútbol.
El Mundial de fútbol
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"Alemania aplasta a Arabia Saudí."
"Parecía que medían tres metros."
"Grises, fuertes y tenaces."
"Una infame Alemania gana como siempre."
"Este equipo de Rudi Völler es un auténtico
ladrillo mecánico: simple, duro y cuadriculado, incapaz
de llamar la atención por algún rasgo de virtuosismo."
"Con los alemanes no hay sueños que valgan.
Hay algo en su carácter que les impide cualquier
tipo de concesión romántica."
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Comentarios extraídos de dos de los periódicos
más vendidos e importantes en España: El País
y El Mundo, sobre el juego de la selección alemana durante
el reciente Mundial de fútbol y que dejan un tanto perplejo al
lector que sienta un mínimo interés por este país,
no por el hecho de criticar el juego de la selección (lo cual
se ha hecho también en profundidad en Alemania), sino por el
modo en que se recurre a toda una batería de estereotipos que
se supone superados en la Europa multicultural.
Si en otras secciones de estos diarios, como las que
tratan asuntos de política, economía, cultura o sociedad,
se intentan evitar las simplificaciones tópicas de carácter
nacionalista, al menos entre países de la Unión Europea,
parece que en las crónicas deportivas, y especialmente en lo
que se refiere al fútbol, todo vale. El orgullo nacional herido
tiene que saldarse a costa de "víctimas", aunque sean
sobre el papel; no importa que se trate de las páginas de periódicos
considerados de prestigio y supuestamente atentos a ciertos códigos
de ética profesional en la redacción de las noticias.
La imagen tópica de "máquinas implacables"
teutonas tiene tanto de verdad como la de los salerosos españoles
que son vagos, pero muy simpáticos. Igualmente resulta tan superficial
e inocente la idea de la creatividad y el genio español frente
a la eficacia gris alemana. Éstos ganan siempre, los otros pierden.
Un ejemplo sintomático de esta simplificación la encontramos
en un artículo de El País anterior a la final,
en el que se destaca el abismo cualitativo que separa a las dos selecciones
participantes: la de Brasil y la de Alemania:
"Los brasileños, favoritos indiscutibles frente a
Alemania en la final más desequilibrada desde la de Suiza 54."
Afirmación que contradice la propia encuesta
sobre el favorito de la final publicada por este periódico y
en la que habían participado 10.000 internautas: 52% daba como
vencedora a Brasil, 47% a Alemania. Pero todavía resulta más
absurda cuando se leen las crónicas del día después
en que se subraya la buena calidad del partido y también del
juego alemán..
No menos ridículo es el hecho de reconciliarse
con la selección alemana, como vemos en el diario El Mundo,
por una supuesta identificación continental ante la victoria
frente a Corea:
"Alemania salva el orgullo europeo"