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La violencia doméstica en España:
Apuntes de la sinrazón y algo más

Mayo, 2002
por Charo Álvarez Reguera (Valencia)

Violencia doméstica

La violencia doméstica es un tema que preocupa a la sociedad española. Cada año el número de mujeres muertas a manos de sus maridos o compañeros sentimentales, es un goteo continuo.

En el mes de abril 8 mujeres han sido asesinadas. Una vez más titulares de periódicos y reportajes televisivos nos ponen ante esta evidencia. Las explicaciones de actos de barbarie son siempre complicadas. La violencia doméstica que se hace visible en su fase más dramática, la muerte, tiene sus estadios intermedios, los malos tratos, de los que son víctimas niños y mujeres. En el caso español los malos tratos a los niños no parece que sea un motivo de preocupación, la protección y el protagonismo que éstos tienen en el espacio social es muy grande; la insatisfacción y la consiguiente agresión se dirige hacia las mujeres.

La sociedad española ha experimentado en los últimos años transformaciones importantes en todos los sentidos. Uno de los cambios más radicales ha sido el papel y el lugar de las mujeres en la sociedad. En apenas 20 años se han desmoronado los modelos tradicionales en los que la mujer ocupaba el espacio doméstico, el privado; era el "alma mater" de la familia y, en este sentido, cumplía su función social en el seno de una sociedad marcada por los valores del nacionalcatolicismo que relegaba a la mujer a la dependencia más absoluta, colocándola, eso sí, en los lugares idealizados de la pureza y la familia

En la actualidad la mujer española se equipara a los modelos de su entorno europeo. El número de mujeres con estudios superiores supera al de los varones y el trabajo ocupa la primera preferencia, por encima de la maternidad (España tiene una de las tasas mas bajas de natalidad del mundo). En los medios de comunicación se proyectan imágenes de mujeres públicas en todos los sectores que, desde diferentes espacios sociales, difunden la idea de autonomía y libertad.

 

Natalidad en Europa

Datos del Ine; en la parte inferior figuran los años.

 

Este cambio de mentalidad, que fue impulsado por las luchas y reivindicaciones de los derechos de las mujeres en los años 70, en el contexto de la transición democrática, ha calado en las nuevas generaciones y, también, en los organismos institucionales. Pero cuando alguien se libera, alguien pierde poder. En este caso el poder lo están perdiendo varones que no han experimentado una transformación de sus esquemas mentales, porque no se sentían oprimidos, sino todo lo contrario, hasta ahora con independencia de sus subordinaciones sociales, contaban con un espacio de poder legítimo, el espacio doméstico, en él su autoridad y su dominio no era cuestionado.

Por otra parte, a pesar de los cambios formales, en determinadas cuestiones como la vida en la intimidad se ha mantenido un silencio cómplice, excusado en un falso respeto hacia la privacidad. Esta complicidad se ha extendido al sistema judicial que publica los nombres de cualquier presunto delincuente, procesado por faltas menores, mientras que viene ocultando los nombres de quienes han amenazado de muerte a sus compañeras sentimentales, cuestión que ha sido motivo de debate y algún gobierno autónomo ha aprobado normativas que permiten la publicación de los nombres de los maltratadores, como el de Castilla-La Mancha.

La tentación de pensar que los protagonistas de estos actos son solo residuos del pasado, sería un error. La violencia doméstica se produce en todas las edades y en todas las clases sociales, en líneas generales suele acompañar a decisiones de abandono por parte de las mujeres, decisiones que no son aceptadas por sus maridos o compañeros sentimentales. En la mayoría de los casos el acoso ha sido denunciado: estamos ante crónicas de "una muerte anunciada", con la consiguiente angustia que esto crea en las víctimas.

El fenómeno no es exclusivo de este país, tal vez lo singular es que en España se produce el encuentro entre viejos modelos que se desmoronan y los nuevos conflictos que surgen de la desorientación generalizada, producto de la ausencia de referencias seguras, porque la familia, lugar de socialización y también de refugio, ya no es una opción emocionalmente estable para los componentes de la pareja. Sin embargo, en España las generaciones jóvenes sí encuentran en la familia un espacio de seguridad; es muy significativo el hecho de que no sientan la necesidad de independencia. Las explicaciones son múltiples; por una parte están las razones económicas como los costes de vivienda o las dificultades de acceso a empleos no precarios, por otra, las explicaciones recurren a factores emocionales. Hoy las familias españolas se han desprendido totalmente de los modelos autoritarios y las cotas de libertad son muy altas, a la vez que siguen manteniendo las redes de solidaridad tradicionales.

 

Porcentaje de jóvenes de 15 a 29 años que viven en el domicilio familiar.
Como se puede apreciar, a los 29 años es la mitad.

Jóvenes y domicilio familiar

Datos del Injuve. 2000.

 

Por otra parte, al igual que en los demás países occidentales, el abandono de patrones clásicos de autoridad, no se ha visto compensado con otros basados en la confianza y el respeto mutuo, más bien, la convivencia se negocia en base a la satisfacción de deseos, y es aquí donde las mujeres tienen la peor parte. Ellas han luchado por transformar sus condiciones de vida, han accedido al empleo y a la formación con la expectativa de conseguir mayores cotas de autonomía, pero la realidad es que han visto incrementadas sus cargas: la gestión doméstica sigue sin ser compartida, el chantaje emocional subyace en relación con la dedicación a los hijos.

 

Participación de jóvenes varones en las tareas domésticas

Jóvenes y tareas domésticas

Datos del Injuve. 2000

Muchas mujeres profesionales reconocen que tienen una conciencia intermitente, siempre con la insatisfacción de sentir que, cuando se hallan en el trabajo están incumpliendo deberes familiares y maternales y, cuando están ocupadas con las necesidades familiares (hijos y ancianos), sienten que fallan en sus trabajos. El divorcio, que fue una aspiración liberadora, se convierte en muchos casos en un calvario, ya que los cónyuges son mayoritariamente morosos a la hora de cumplir con los pagos de las pensiones, y en el peor de los casos, son violentos ante la decisión de abandono por parte de las mujeres.

La violencia doméstica, privada, al igual que la violencia social, pública, son síntomas de que cuando nuestras sociedades se enfrentan a procesos de cambios profundos, reaparece la parte oscura, la pulsión agresiva, que, por el momento, se hace visible en episodios cada vez mas recurrentes, en los que individuos, generalmente varones, atacan y matan en privado y en público, sin que la razón pueda dar ninguna explicación...

 

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