De los alemanes, dicen los españoles, que tenemos la cabeza
cuadrada. Cuando me enteré del fenómeno Amodóvar,
ya había vivido unos cuantos años en España. Cada
vez que pasaba las vacaciones en Alemania, la gente me decía:
"¡Hay que ver lo bien que sabes hablar alemán!",
porque pensaban que era extranjera. En España, en cambio, la
gente me decía: "¡Hay que ver lo guiri que eres!"
porque no entendía ni siquiera el éxito de un tal Almodóvar.
En su opinión, no podría llegar a entenderlo por lo de
la cabeza cuadrada.
Empecemos
a enfocar el fenómeno con unos datos biográficos. Pedro
Amodóvar nació en un pequeno pueblo cerca de Cáceres.
Su familia era pobre. Empezó a ver cine a los 10 años
porque en el pueblo había muy poco. Las películas que
se estrenaban en aquella época eran sobre todo comedias americanas
(p. ej. de Wilder), pero también había películas
de la nouvelle vague francesa (Godard) y de los neorrealistas
italianos (Visconti/Antonioni). Menciono esto, porque Almodóvar
es autodidacta, y un crítico de cine podría observar la
influencia de estas peliculas en la obra de Almodóvar.
En 1968 se fue a Madrid. Aquella era una época en la que en
Madrid y en Barcelona había una gran actividad cultural underground:
festivales de Super 8, el mundo del cómic, de la moda, del cine...
A Almodóvar le hubiera gustado estudiar cine pero no tenía
dinero para pagarse sus estudios y Franco había cerrado las academias
cinematográficas. Así que empezó a trabajar en
Telefónica. Dedicaba su tiempo libre a rodar cortometrajes en
Super 8 con sus amigos. Después de un tiempo, empezó a
tener mucho éxito como superochista pero, a la vez, rechazos
por parte de los auténticamente modernos, ya que su estilo les
parecía demasiado narrativo. Los modernos estaban influenciados
por movimientos conceptuales como Fluxus, donde estaba, por ejemplo,
Yoko Ono. En cambio, la intención de Almodóvar siempre
fue (y es) la de narrar historias. Las sesiones de cine Super 8 tuvieron
mucho éxito, porque se convertían en una especie de happening.
Como las películas no tenían sonido, Almodóvar
se ponía en medio del público y hacía todas las
voces, contaba la historia, cantaba e incluso criticaba las cosas que
no le gustaban de los actores. Empezó a hacerlo en casa de amigos,
en bares y discotecas, luego en academias de cine (que empezaban a abrirse
a principios de los setenta), y de ahí pasó a la Filmoteca.
Pasaron los años y Almodóvar se hizo cada vez más
famoso en España con películas como "Pepi, Luci,
Bom y otras chicas del montón", "Laberinto de pasiones",
"Entre tinieblas" y "¿Qué he hecho yo para
merecer esto?". Y ahora entramos en mi experiencia personal con
el fenómeno.
En 1985 yo ya había pasado 5 años de mi vida en España.
Como todos los años, tuvo lugar en Cádiz el Festival de
Cine. Esta vez se celebró con un homenaje a Pedro Amodóvar.
Todos los días estrenaban una película suya y, claro,
me las vi todas. La verdad es que no me entusiasmaron mucho. Los guiones
me parecían disparatados, los personajes histriónicos
(no les veía la gracia) y encima, mucho sexo guarro. ¿Quién
podría tener interés en ver cómo una persona se
mea encima de otra persona? Jamás hubiera pensado que una película
tan mala com "Pepi, Luci, Bom,.." pudiera llegar a estrenarse
en una sala pública. Los espectadores, sin embargo, reaccionaron
de una manera sorprendente para mí. Se reían mucho de
cosas que yo no llegaba a entender. Consumían un montón
de pipas, cuyas cáscaras cubrían el suelo por completo.
Al final hubo muchísimos aplausos y luego, en los bares, todo
se comentaba alegremente durante toda la noche. ¡Qué gracia,
qué maravilla, qué bien me lo he pasado!
Cada día que pasaba, las niñas se ponían más
nerviosas, porque el último día del festival se estaba
acercando. ÉL iba a llegar, el más famoso y adorable Dios
del Trash. La cuestión ardiente era "¿Qué
coño me voy a poner?" Se trataba de destacar entre la multitud
con un modelito bombástico para ser descubierta por el Maestro
y, tal vez (nunca se sabe), ser una chica Almodóvar algún
día y pertenecer a la Factory.
Llegó el día clave. Enseñaron "¿Qué
he hecho yo...?" y, vaya, ésta sí me gustó
(de hecho, la ponían en varios festivales de cine en el extranjero
y tuvo bastante éxito fuera de España también).
Pero más pintoresco que la película fue el público.
Para la ocación, las niñas llevaban puesto unos modelazos
increíbles: en la cabeza un pelucón enorme en plan Alaska,
mucho maquillaje, labios negros, un top poco más que un
sujetador, una mini más mini que un cinturón, medias de
malla y, para acabar, unas botas estrambóticas con plataforma.
Encima, iban drogadas hasta las cejas y con un cachondeo total.
Y luego empezó la fiesta. Llegó ÉL. El público
se puso frenético. Aplaudían, gritaban, bailaban y gesticulaban
como locos. Una mujer chilló: "Pedro, Pedro, quiero un hijo
tuyo" (Más tarde me contaron que ésto lo gritaban
las maris extasiadas en los conciertos de Julio Iglesias). Yo, no podía
creérmelo. Este hombre, al fin y al cabo, era un director de
cine y no, digamos, Mick Jagger.
Pasaron
los años y Almodóvar se convirtió en una estrella
mundialmente reconocida - bueno, a nivel europeo, que todavía
no había ganado un Oscar. Yo volví a Alemania. Un día,
hace alrededor de 6 años, fui al Abaton para ver "La
flor de mi secreto" con Marisa Paredes. Estaba en el bar del cine
tomándome una copa de cava, por lo de los viejos tiempos, cuando
de pronto me di cuenta de que ÉL estaba delante de mí,
a sólo dos metros de distancia. Mi corazón dio un soplo
extraño y, por poco, me desmayó. No le pedía un
hijo suyo porque, ya sabéis, que tengo la cabeza cuadrada.
Bibliografia:
Strauss, Frédéric: Pedro Amodóvar, un cine
visceral. Conversaciones con F. Strauss, Madrid, 1994, ed. El País
y Santillana.