Durante varios
días deambularon por la ciudad buscando un nuevo lugar donde
dormir. Algunos fueron alojados por ONGs o sindicatos en sus locales,
pero la mayoría acabó concentrándose en otra plaza
barcelonesa, la de André Malraux. Al mismo tiempo se manifestaron
frente al Ayuntamineto para pedir una solución.
Ni el Ayuntamiento,
ni la Generalitat, ni el gobierno central quisieron hacerse cargo de
ellos (los políticos estaban de vacaciones y no se les podía
molestar), pero no dudaron en enviar a la policía nacional para
desalojarlos, esta vez a golpes, y detener a más de cien personas,
mientras que el resto eran recogidos por asociaciones humanitarias.
Estos colectivos han sido los únicos que han asumido las responsabilidades
de un gobierno que se gasta nuestros impuestos en forma de banquete
junto a la costa de Menorca o de regata por la de Mallorca.
A principios de
septiembre, con la vuelta de los ministros y presidentes a sus respectivos
despachos, el tema ya no era actualidad, de modo que para nadie fue
necesario dar explicaciones.