Existen
en general pocas noticias relacionadas con Latinoamérica en los
medios de comunicación alemanes. Sin embargo, en este verano
de 2001 Argentina se ha convertido en un destacado tema de interés.
No se trata de noticias relacionadas con asuntos tradicionales como
el popular fútbol, sino con la dramática situación
económica en que viven los argentinos.
Pero antes de comentar estas noticias quizás sea interesante
compartir algunos datos sobre este país.
Argentina es un país con una extensión
ocho veces superior a la de Alemania, sin embargo, su población
no llega a la mitad y se distribuye además de una forma muy irregular
(un tercio de la misma se concentra en una única provincia, la
de Buenos Aires), lo que da como resultado una densidad de 13 habitantes
por km² frente a los 230 de Alemania.
Su sistema político es una república federal. Su actual
presidente, Fernando de la Rúa, llegó al poder en las
elecciones de 1999, con una coalición de centro-izquierda.
Argentina es la tercera fuerza económica latinoamericana (después
de México y Brasil), y se le considera como a éstos un
país "emergente" (Schwellenland), es decir, en un proceso
todavía de desarrollo hacia el nivel de los países industrializados.
Su Producto Nacional Bruto (PNB) per cápita era de 8.030 dólares
en 1999 (menos de la tercera parte del alemán de 26.570).
Desde hace tres años su economía se encuentra en un proceso
de recesión. Su mayor problema es el déficit del presupuesto
público a causa de la enorme deuda externa, cuya cantidad equivale
a la mitad del PNB. Aproximadamente un tercio de su población
vive en la pobreza, y para la mayoría las condiciones de vida
son cada vez peores. Los precios aumentan, mientras que los salarios
bajan. En 1999 sólo el 42% de la población tenía
un trabajo fijo y se estimaba en un 20% la población empleada
en la economía sumergida. Además el paro ha ido creciendo
cada año.
Retomamos ahora
el comentario de las noticias que han merecido la atención de
la prensa alemana ¿De qué tratan la mayoría de
esos artículos?
Se informa en ellos de la difícil crisis financiera por la que
atraviesa el país. Se especifica la política económica
del gobierno argentino, cuyo objetivo prioritario es acabar con la deuda
externa, para lo cual ha diseñado un severo plan de ahorro que
empieza por la reducción de un 13% de los sueldos de los funcionarios
públicos y los pensionistas. Estas medidas de ahorro provocaron
una huelga general que paralizó el día 19 de julio la
vida laboral en el país (la séptima ya desde que está
en el poder este gobierno). Desde entonces se han repetido las manifestaciones
populares de protesta contra la llamada Ley de Déficit Cero del
gobierno y las convocatorias de paros laborales por parte de los sindicatos.
¿Por qué
esta situación económica recibe tanta atención
en los medios de comunicación alemanes? ¿Existe de repente
un sentimiento de solidaridad por la situación del país?
La respuesta creemos que es lamentablemente negativa. La mayoría
de los artículos reflejan otros intereses. En primer lugar muestran
la preocupación de las economías de los países
más ricos por que la crisis argentina se agrave y se convierta
en una enfermedad contagiosa. En segundo lugar revelan el miedo a que
Argentina decida no pagar sus deudas y se declare insolvente, por eso
se nota en estas noticias una alegría ante las medidas de ahorro
del gobierno y su decisión (por el momento) de pagar al exterior.
Este ahorro se considera una medicina amarga, pero inevitable. Exactamente
éste es el interés del poderoso FMI (Fondo monetario internacional,
en alemán, IWF) y de los países industrializados, que
en su cumbre de Génova (20-22 julio de 2001) han felicitado expresamente
al gobierno argentino por las medidas emprendidas.
En resumen, en
la mayoría de los artículos consultados se constata una
orientación ideológica neoliberal y una defensa de los
intereses económicos dominantes en los mercados financieros internacionales.
No existe desgraciadamente una reflexión sobre la injusticia
de un sistema que está separando cada vez más al grupo
de los más ricos de todos los demás.
Sin embargo, lo que más le duele al lector que siente simpatía
hacia Argentina es ver cómo se ignora a la mayoría de
las personas que hay detrás de estas noticias. No existe una
dimensión humana que hable de la impotencia de verse condenado
a trabajar sólo para pagar los intereses de una deuda implacable.
Es por ello que no queremos concluir este artículo con el contenido
de la prensa, sino con el testimonio de una argentina que nos revela
en pocas palabras lo que ignoran los periódicos :
"Es
muy triste que después de todo el amor que uno trató de
sembrar por esta tierra tus hijos te digan que se quieren ir porque
no ven futuro."
El Gral. Juan Carlos
Onganía depone por las armas al Presidente Arturo Íllia
en 1966. En su "gesta patriótica" la deuda externa
crece de 3.276 millones de dólares a 3.970.
En el 70 cede el
trono al Gral. Marcelo Levingston que la infla a 4.765 millones. Este
usurpador deja paso a otro depredador, el Gral. Agustín Lanusse,
quien establece el rojo en 4.800 millones.
Desde el 66 hasta
el 72 la Argentina militarizada vio crecer su deuda en un 46%.
El incontenible
avance social dio paso a las elecciones (condicionadas por el poder
militar y de la CIA) en 1973, donde triunfa Héctor Cámpora.
La sucesión del Gral. Juan Domingo Perón en 1974 está
marcada por la deuda personal de cada argentino que sumaba 320 dólares
en relación con las obligaciones al exterior.
Muere Perón
y asume el poder Estela Martínez, su mujer, en cuyo gobierno,
entre otras cosas, asciende la deuda a 7800 millones. Una enormidad
que erizaba la piel de cualquier vecino.
Llega el golpe
de estado militar. Las siete plagas caen sobre la Nación: tortura,
campos de concentración, asesinatos, censura, entrega de la soberanía,
robo y saqueo, cierre de universidades y exilios. Una noche aberrante.
También
en lo económico: de 1976 a 1983 la deuda externa es llevada por
José Alfredo Martínez de Hoz de 7800 a 45. 100 millones.
Un crecimiento del 364%.
Surgen los petrodólares
entonces. Los bancos internacionales ofrecen créditos fáciles
a tasas bajas y comienza el gran endeudamiento argentino. Las empresas
privadas toman esos créditos en la banca internacional.
A partir del 80
se agota el paraíso crediticio y lo que era fácil y barato
se vuelve difícil y muy caro.
Argentina infla su deuda gracias a la "gestión patriótica"
de militares y civiles comprometidos con la causa del círculo
de poder que representaban. Compraban armas y pagaban comisiones del
orden de los 10 mil millones según el Banco Mundial. El Estado
comienza a absorber las deudas de grupos privados cercanos al poder,
que pasan al pueblo argentino en una "acción solidaria"
de los ministros de economía y el Banco Central.
LLega la democracia.
La Presidencia del Dr. Raúl Alfonsín ve crecer la deuda
de 46.200 a 65.300 millones. En ese 44% también se reflejan los
saqueos a supermercados como expresión de la recesión
que se agrava.
La década menemista lleva la deuda un 123% más arriba
del ránking. Y la suma crece vertiginosamente, ya sin el patrimonio
del Estado, que había ido ofreciendo poco a poco sus empresas
a la voracidad externa. Lo que se dio en llamar: Las joyas de la
abuela. Desde entonces, un país sin empresas públicas,
sin producción, sin perspectivas confiables, multiplica su deuda
minuto a minuto con un vértigo inimaginable. El nuevo siglo recibió
a los argentinos con una deuda individual de 3800 dólares.
Queda claro que
los beneficiarios de la fiesta financiera no son precisamente los trabajadores,
ni los jubilados. La deuda externa no se apoya en la educación
o en la salud o en el trabajo. La Deuda Externa es impagable, salvo
que cada argentino desembolse los 4.000 dólares promedio que
guarda en el colchón (¡Ja, ja!) para cumplir con los acreedores
externos. Sin embargo parece que esta es la idea del Ministro Domingo
Cavallo y sus discípulos: los recortes de los servicios públicos,
la usurpación de los beneficos laborales, la precarización
de la calidad de vida, los impuestazos, son parte de la transferencia
del pago de la deuda a cada bolsillo de la barriada.
No quedan dudas
al respecto. La voracidad de los acreedores está siendo soportada
por la gente, no por los beneficiarios de aquellas gloriosas fiestas
privadísimas.
No descubrimos
nada nuevo afirmando que las instituciones públicas españolas
son una miniatura del estado que las financia y que el comportamiento
de sus dirigentes es el mismo que el del gobierno del que dependen.
El Instituto Cervantes
de Bremen es España, no cabe duda, y por ello, desarrolla una
política cultural muy en armonía con la imagen del país
que el actual gobierno español pretende proyectar hacia Europa.
Esta consiste en ofrecer a los alemanes "lo mejor" de nuestra
cultura: conciertos de música medieval, debates y coloquios de
alto nivel intelectual, lecturas de obras literarias de autores desconocidos
en Alemania..., mostrando así, un país elegante, culto
y refinado. Resultado: la asistencia a estas actividades se reduce a
un público minoritario, en el que además, apenas hay alemanes.
Lo cierto es que
la cultura española e hispanoamericana es aquí una perfecta
desconocida e ignorada, como demuestra su escasa presencia en los medios
de comunicación alemanes, exceptuando algunas modas pasajeras.
Esto es algo que nuestros políticos parecen no querer reconocer.
No se trata de reducir la oferta cultural a los conocidos conciertos
de flamenco, sin embargo, habría que plantearse más seriamente,
qué se entiende por cultura, a quién va dirigida y si
responde a la realidad sociocultural de los países representados,
y no empezar la casa por el tejado. ¿Por qué transmitir
esa imagen de un país en el que, por el contrario, no se hace
nada por promover el acceso de la mayoría a un mundo cultural
más amplio? Tal vez la respuesta es que al gobierno le interesa
mantener la cultura en manos de unas élites, mientras se entretiene
con la televisión al resto de la sociedad. Un análisis
de la oferta cultural de la televisión pública española
no puede producir mucho entusiasmo. Del mismo modo los precios prohibitivos
de determinados espectáculos (por "naturaleza" destinados
a lo más selecto de la sociedad) mantienen al margen a los visitantes
que han tenido la desgracia de nacer en familias humildes.
Una entrada mínimamente
decente en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, Catalunya es en esto
la más española, puede costar tranquilamente 15.000 pesetas.
Sin embargo, la reconstrucción de este teatro, destruido por
un incendio (que casualmente ayudó a satisfacer los intereses
urbanísticos de la Generalitat), la hemos pagado todos los ciudadanos
con nuestros impuestos. Pero lo que resulta más vergonzoso es
que en cambio, en Hamburgo o en Berlín se pueda asistir a la
ópera por menos de 6.000 pesetas, sin importar como vaya uno
vestido.
No hay duda,
somos un país moderno, capitalista, parte de la aldea global
en la que con el esfuerzo de nuestro gobierno conseguiremos que nuestra
lengua tenga una presencia fuerte, decisiva e imperial en la red de
redes, en el mundo del futuro; aunque eso se haga a costa de recortar
el presupuesto destinado a mejorar la calidad de vida de todos los españoles,
sin excepción.
Un
repaso de la actualidad informativa presentada por los medios de comunicación
alemanes en el mes de julio demuestra una vez más que España
sigue siendo poco más que un destino de vacaciones. Hagamos un
breve repaso.
La primera gran noticia de la temporada fue el impuesto ecológico
aprobado por el gobierno balear, que supone el pago de una tasa de entre
uno y cinco euros por día de estancia y persona en un hotel.
Como su nombre indica, el dinero recaudado se destinará a la
protección del entorno natural. Esta medida ocupó un lugar
destacado en la mayoría de los periódicos alemanes, y
de forma lamentable, en el más leído de Alemania, Die
Bild-Zeitung.
Este
diario promovió una campaña de protesta que culminó
con la fantástica idea de enviar una petición formal de
retirada del impuesto al Rey español. La razón: las dificultades
económicas de los turistas alemanes para poder pagar esta cantidad.
No comment!!
En
segundo lugar del ránking informativo, y sin movernos de Mallorca,
está la huelga de los conductores de autobuses de la isla que
a primeros de julio colapsó el aeropuerto y obligó a miles
de turistas a pasar su primer día de vacaciones en este edificio.
La
importancia concedida a esta noticia fue, sin duda alguna, desmesurada,
si se compara, por ejemplo, con la atención prestada a los atentados
de ETA ocurridos en el mismo espacio de tiempo.
El punto final lo puso la huelga de los pilotos de Iberia.
Lo
que les interesa a la mayoría de los alemanes de España
y lo que a muchos españoles nos gustaría que les interesase
parecen ser dos mundos que hasta ahora no se han encontrado. Y eso a
pesar de los esfuerzos de nuestro gobierno por presentar a España
como un referente cultural y de progreso dentro de la Unión europea.
Seguramente ninguno de estos dos mundos refleja la realidad.