Análisis de la realidad chilena- noviembre 2001

Política y cultura en Hamburgo - noviembre 2001

PISA y el sistema educativo alemán
-diciembre 2001

Diciembre 2001

¿Feliz año 2002?

por Juan Carlos Benavente

Mientras escribía este artículo el mundo escuchaba inmutable las noticias sobre las primeras medidas tomadas por el presidente Busch contra Somalia, bloqueando cuentas bancarias, que han sumido al país en el absoluto caos. Y en este caso eso no significa que los somalíes tengan que renunciar a comprar trufas para las cenas navideñas, al fin y al cabo ellos creen en otro Dios distinto al que nos protege a nosotros y salvará América, o que escasee el champán en las fiestas para despedir el año que ya acaba, o que al igual que en Nueva York, los grandes almacenes no hayan obtenido los millionarios beneficios que son de esperar en estas fechas. No, en este caso hablamos de un país asolado por las guerras civiles, sin gobierno estable, sin un sistema económico que pueda, en realidad, sumirse en el caos, pues desde nuestra "civilizada" perspectiva ya es un caos. No obstante, en nombre de las víctimas caídas junto o dentro de las Torres Gemelas, es necesario vengarse. George Bush anunció una guerra larga en Afghanistán y al final ha resultado más breve de lo que esperábamos público y cadenas de televisión; no sorprende por tanto que haya que buscar nuevos objetivos y desviar la atención hacia otro rincón del mundo, en el que ha dejado de buscarse a un Bin Laden inexistente o ya muerto o inutilizado pero donde se pretende inmovilizar parte del dinero que financia la guerra santa. ¿No sería más productivo bombardear la Universidad de Hamburgo donde estudiaron algunos de los terroristas o las distintas ciudades europeas en las que vivieron y los acogieron? Si la realidad no fuera tan grotesca, esta boutade podría amenizar nuestras cenas de Nochebuena.


Cuando el 11 de septiembre de 2001 periódicos y noticieros televisivos anunciaron excitados que el mundo ya no volvería a ser el mismo actuaron precipitadamente. Debían haber esperado las consecuencias para poder ser fieles a la verdad: el mundo ya nunca dejará de ser el que era antes de ese día negro. Es la ocasión de oro para desacreditar a cualquiera que ose levantar la voz, criticar o, simplemente, poner en tela de juicio el actual orden mundial. La línea divisoria está clara y los objetivos de los que ostentan el poder también. Si queremos proteger nuestro estilo de vida, no queda otra solución que destruir todo lo que no encaje dentro de ese estilo.

Evidentemente esto lo escribe alguien sentado frente a un ordenador, confortablemente protegido del riguroso invierno europeo por un techo y una calefacción, alguien que pertenece al 10 % de seres humanos con acceso a Internet y que ha "vivido" toda la injusticia de este mundo a través de las noticias transmitidas por televisión, alguien que seguramente no escribiría ni una sola de estas palabras si hubiera perdido a un familiar en el atentado del 11 de septiembre o viera amenazada a muy corto plazo su seguridad... alguien que tampoco dudaría de la legitimidad de los bombardeos sobre Kabul si tuviese que vivir bajo el régimen talibán. Pero, al mismo tiempo, alguien que se niega a acceptar que nuestro bienestar se base en la destrucción de los otros aunque sepa que es y seguirá siendo así.

Un ser humano que no entiende ni quiere entender. No obstante feliz 2002, dentro de lo posible.