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Serie Inmigración I

Mucho ruido y pocas nueces

La temática de los extranjeros se ha convertido en Alemania en un tema de viva discusión entre los políticos y una parte de los medios de comunicación. La coalición en el gobierno (socialdemócratas y verdes) acaba de aprobar una ley con la que promete una regulación racional de la inmigración, con los votos en contra de la oposición conservadora y de los estados en que ésta gobierna. La oposición, en una puesta en escena muy teatral, habla de inconstitucionalidad en la aprobación de esta ley, debido a la forma discutible en que se hizo el recuento de votos por el estado de Brandenburgo. En el caso de que el Presidente Federal ratifique la ley y la firme, recurrirán al Tribunal Constitucional para que sea anulada. La tesis central de la oposición cristiana es que esta ley supondrá un aumento de la inmigración, lo que los alemanes no podrían ya soportar. Es interesante señalar a este respecto que los partidos de la oposición CDU/CSU, en una comisión propia sobre el tema, llegaron a resultados semejantes a los que propone la actual ley, y además, la posición que defienden actualmente está socialmente aislada. Las iglesias cristianas, la patronal, así como los sindicatos y el partido liberal están a favor de la nueva ley.

Pero, ¿cuál es realmente el problema y cómo se ha llegado a él?

 

Es indiscutible que Alemania con un 9,1 % es junto con Austria, y sin contar el caso singular de Luxemburgo, el país con un porcentaje mayor de extranjeros entre los países de la Unión Europea. Sin embargo, es una realidad que esta cantidad a diferencia de los países del sur, como Italia o España, está aumentando muy poco en los últimos años, y así por ejemplo fue negativa en 1997 y en 1998. El mayor grupo con diferencia entre los inmigrantes en Alemania es el de los turcos (aproximadamente 2 millones), que en su mayoría vinieron aquí en los años 60 y 70 como "trabajadores invitados" (Gastarbeiter). Lo específico del caso alemán no es el elevado número de inmigrantes actualmente sino la escasa integración de los mismos, ya que los inmigrantes permanecen en Alemania como extranjeros. A sólo una minoría de estos "trabajadores invitados" se le han ofrecido cursos de alemán u otras medidas de integración social.
Sus hijos no obtuvieron la nacionalidad alemana al nacer, como es habitual en otros países, así por ejemplo, Francia o Inglaterra. Aunque en este punto hay una moderada reforma desde 1999, por la cual los niños de padres extranjeros que tienen un permiso de residencia legal pueden acceder a la nacionalidad alemana. No obstante, no se concede la doble nacionalidad. Estos niños y jóvenes tienen de plazo hasta los 23 años para renunciar a la nacionalidad de sus padres y mantener la alemana. También en aquella ocasión manipuló la oposición conservadora el miedo de los alemanes a la extranjerización a través de una acción de recogida de firmas en contra de esta reforma y la utilizó en su campaña electoral en el estado de Hessen.

 

 

En verde: saldo positivo de inmigrantes hacia Alemania
En rojo:
Saldo negativo


Statistisches Bundesamt

Lo cierto es que las leyes y reglamentos sobre inmigración están llegando muy tarde, porque los partidos democristianos han intentado impedirlas por todos los medios. La consecuencia es que esta nueva ley nace en un momento en que apenas hay inmigración y en el que se han consolidado estructuras que dificultan la integración social. El escándalo no reside en el procedimiento de aprobación de la actual ley, sino en el hecho de que los conservadores que estuvieron en el poder de 1982 a 1998 no quisieron admitir por motivos ideológicos que Alemania era un país de inmigración. Y del mismo modo actualmente quieren de nuevo instrumentalizar este tema.

La dirección de los partidos cristiano-conservadores pretende convertir la xenofobia latente en un asunto electoral con el que ganar las elecciones generales del 2002. Esto es, especialmente en un país como Alemania con su pasado incriminatorio de racismo nazi, el auténtico escándalo.
Se oculta que la nueva ley no va a favorecer la inmigración, sino que cerrará aún más las puertas a los menos cualificados que, en realidad, son la mayoría. En el futuro los inmigrantes, excepto algunos pocos refugiados políticos, poseerán una elevada o especializada formación académica o laboral, que pueda ser beneficiosa para Alemania. Con ello esta nueva ley de inmigración coincide con la lógica egoísta de la Unión Europea, según la cual, la inmigración debe responder a intereses económicos y el asilo político será una limosna escasa.

D.Zunker/A.Hermida

En alemán

 


Viel Lärm um nichts?

In der politischen Klasse und einem Teil der Medien wird in Deutschland derzeit die Ausländerthematik mit großer Aufregung diskutiert. Die Regierungskoalition hat gegen die Stimmen der konservativen Opposition und der von ihnen regierten Ländern ein Gesetz verabschiedet, was verspricht, die Einwanderung von Ausländern rational zu steuern. Die theatralisch inszenierten Stimmen der Opposition sprechen von Verfassungsbruch, weil die Umstände der Stimmenabgabe eines Bundeslandes, Brandenburg, umstritten sind. Sie wollen, falls der Bundespräsident das Gesetz unterschreibt, das Bundesverfassungsgericht anrufen, um das Gesetz zu Fall zu bringen. Die zentrale These der oppositionellen christlichen Volksparteien ist, dass die Gegenseite mit ihrem Gesetz eine weitere starke Zuwanderung verursachen würde, die die Deutschen nicht mehr ertragen könnten. Interessant ist in diesem Zusammenhang, dass die CDU/CSU selbst vor kurzem mit einer Kommission zur Zuwanderung zu sehr ähnlichen Ergebnissen gekommen war, wie sie jetzt im Gesetz stehen und zum anderen, dass diese christlichen Parteien mit Ihrer Position gesellschaftlich völlig isoliert dastehen. Denn sowohl beide christlichen Kirchen, die Unternehmerverbände, wie auch die Gewerkschaften sowie die liberale Partei begrüßen die Verabschiedung dieses Gesetzes.
Doch wie sehen die Probleme tasächlich aus und wie sind sie entstanden? Unstrittig ist, dass Deutschland derzeit einen Ausländeranteil von 9,1% hat und damit, zusammen mit Österreich unter den größeren EU-Staaten den weitaus größten Anteil von Eingewanderten hat. Auffällig ist jedoch, dass seit Jahren die Anzahl der Ausländer in Deutschland im Gegensatz zu den südeuropäischen Staaten nur wenig steigt.1997/98 gab es sogar einen negativen Zuwanderungssaldo. Die weitaus größte Gruppe der Zuwanderer mit etwa 2 Millionen Personen sind die Türken, die allerdings in ihrer Mehrheit in den 60er und 70er Jahren nach Deutschland als "Gastarbeiter" gekommen sind. Das Spezifische in Deutschland ist nicht eine aktuell steigende Anzahl an Einwanderern, sondern das geringe Maß ihrer formellen Integration. Denn Immigranten bleiben in Deutschland Ausländer. Zudem haben die wenigsten von diesen "Gastarbeitern" haben überhaupt Sprachkurse oder andere Integrationsangebote erhalten.

Ihre Kinder haben nicht durch Geburt die deutsche Staatsbürgerschaft erlangt, wie z.B. in Frankreich oder Großbritannien üblich. Zwar gibt es hier gibt es seit 1999 eine moderate Reform, die den Kindern von legal sich in Deutschland aufhaltenden Ausländern automatisch den deutschen Pass verschafft. Allerdings sind keine zwei Staatsbürgerschaften erlaubt. Die Ausländerkinder müssen bis zum 23. Geburtstag den Pass abgeben, der sie mit ihren Eltern verbindet, um den deutschen behalten zu können. Auch hier hatte die konservative Opposition mit öffentlichen Unterschriftensammlungen die Angst der Deutschen vor einer "Überfremdung" (erfolgreich) für den Wahlkampf im Bundesland Hessen genutzt.

Das heißt also, die Gesetze zur Anpassung der Regelungen für Ausländer an europäische Standards kommen verspätet, weil sie die christlichen Volksparteien sie mit fast allen Mitteln verhindern wollen. Das hat zur Folge, dass dieses Zuwanderungsgesetz erst in einem Augenblick kommt, wo es kaum noch Zuwanderung gibt und sich Strukturen der Nicht-Integration verfestigt haben. Der Skandal liegt also nicht in den Umständen seiner heutigen Verabschiedung , sondern darin, dass die Christlich-Konservativen in ihrer Regierungszeit von 1982 - 98 aus ideologischen Gründen nicht wahrhaben wollten, dass Deutschland ein Einwanderungsland ist. Und dass sie heute dieses Thema instrumentalisieren.

Die Führung der christlichen Parteien plant, die latente Ausländerfeindlichkeit erneut zum Thema machen, mit dem sie den Bundestagswahlkampf 2002 gewinnen wollen. Dies ist besonders in einem Land wie Deutschland mit seiner historischen Belastung durch den Nazi-Rassismus das eigentliche Ärgernis.
Es wird verschwiegen, dass dieses Gesetz keine Förderung der Zuwanderung zum Ziel hat, sondern für die wenig Qalifizierten, die bislang die Mehrzahl der Eingewanderten die Türen verschließt. Einwandern sollen in Zukunft außer wenigen politischen Flüchtlingen nur noch hoch oder speziell Qualifizierte, die Deutschland am meisten nützen. Damit entspricht das neue Zuwanderungsgesetz der egoistischen Logik der EU: Einwanderung soll sich in Zukunft nur am Wirtschaftinteresse orientieren und politisches Asyl wird so selten gewährt, dass es wie ein Almosen wirkt.