Serie Inmigración II: ¿Qué Europa estamos construyendo?

Asunción Vacas Hermida, junio 2002

Durante la II Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe, que se celebró el pasado mes de mayo en Madrid, Silvio Berlusconi propuso sustituir el término de globalización, debido a las connotaciones negativas que se le asignan, por el de "crecimiento sin fronteras", como si cambiando las palabras se solucionaran los problemas. Las fronteras se abren a los productos y empresas de los países más ricos, pero se cierran a las personas y las culturas de los más pobres. Esto no cambia porque utilicemos otras palabras. Cada vez se suceden con más frecuencia titulares como los siguientes en la prensa europea, en este caso española (El País):

  • "Francia y Alemania convierten el control de los inmigrantes en la prioridad de la UE" (29-05-02)
  • "El 80% de los europeos contra la inmigración clandestina" (30-05-02)
  • "Dinamarca limita la inmigración y recorta las ayudas a los refugiados" (01-06-02)
  • "Alemania fija fuertes límites a la entrada de ciudadanos de 22 países" (02-06-02)
  • "El Gobierno (español) quiere eliminar todas las vías de regularización de inmigrantes" (06-06-02)

La política europea, siguiendo el ejemplo de EE.UU, está obsesionada por la cruzada antiterrorista y los temas de seguridad. Dentro de este discurso político la inmigración ha pasado a convertirse sobre todo en un problema de control y represión: aparece asociada a la delincuencia, las mafias, la violencia. Se hacen encuestas como la del Eurobarómetro (a la que se refiere el segundo titular citado) sobre la opinión de los europeos ante la inmigración "clandestina", pero lo cierto es que cada vez es más difícil ser un inmigrante legal en Europa. Se concentran los esfuerzos en diseñar policías fronterizas, en detener a los inmigrantes ilegales, pero con ello bastante poco se consigue en la lucha contra las mafias, mucho más importante es para esto el control de la circulación del capital.
El populismo de extrema derecha, que está extendiéndose por Europa, ha fortalecido su identidad gracias a la criminalización de los extranjeros. Lo malo es que su presión política está influyendo decisivamente en los partidos conservadores y ahora también en la izquierda. Como decía Schröder en su encuentro con Chirac: "No se puede ceder el asunto a la extrema derecha"; pero tampoco consentir que sea ésta la que determine cuáles son los temas prioritarios de la agenda política europea, ni la forma de abordarlos. Schröder no quiere perder las próximas elecciones alemanas de septiembre y si para ello es necesario que el asunto más importante en la política europea sea el control inmigratorio, pues presionará para ello.

  • Veamos un ejemplo de las contradicciones de la política inmigratoria del gobierno español en su deseo por conseguir la seguridad para sus ciudadanos:

    A principios de este año el gobierno español exigió a los colombianos un visado para entrar en el país. El gobierno justificó esta exigencia como una medida de lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico y para reducir la delincuencia en Madrid. Para obtener este visado los ciudadanos colombianos tienen que poseer, entre otras cosas, 2.266 euros y una reserva en un hotel. Desde luego es más fácil que estos requisitos los cumpla un narcotraficante, que un inmigrante en busca de trabajo.
    Lo que en el caso de Colombia se reduce, se concede generosamente en el caso de los ciudadanos cubanos, que reciben un trato especialmente favorable por la policía de inmigración. Primero se les reconoce el asilo humanitario por razones de emergencia económica en su país (¡qué ironía!, si se compara con otros de Centroamérica). Después tienen 60 días para encontrar trabajo, si no, son repatriados. Sin embargo, todavía no se han producido estas repatriaciones, es decir, el gobierno español deja en este caso de aplicar la ley por intereses políticos.

 

Precisamente antes de iniciarse la II Cumbre de la que hablábamos al comienzo, El periódico de Catalunya publicó la noticia de que el gobierno español estaba negociando imponer a más países latinoamericanos un visado de entrada, entre los citados figuraban: Ecuador, Argentina y Venezuela. Esta noticia provocó duras críticas de los representantes de estos países que estaban en Madrid y el ministro de asuntos exteriores español lo desmintió. Sin embargo, el gobierno español ha anunciado ya nuevos cambios en la Ley de extranjería y un endurecimiento de la política inmigratoria de la Unión Europea, cuyo Consejo discutirá sobre estos temas en su próxima reunión en Sevilla el 21 de junio.

Quisiéramos incluir aquí los comentarios de varios estudiantes de diferentes países que realizan juntos un Máster a distancia respecto a la publicación de la noticia mencionada por El Periódico, ya que reflejan que la mejor manera de luchar contra el miedo a la inmigración es estar en contacto con personas de diferentes países, compartir puntos de vista sobre este problema y reflexionar conjuntamente:

 

H.T. de Argentina inició la discusión enviando el artículo que publicó el diario Clarín sobre la información del periódico catalán, con el siguiente comentario:
"Se favorece la libre circulación de capitales, pero se pone frenos al libre movimiento de personas".

 


E.G., de España, le contestó:

Me duele que simplifiquéis las cosas de esta manera.
España que todavía no es un país rico, no puede asumir la población africana y sudamericana, que llega en avalancha, tampoco lo puede hacer Francia ni Alemania, ni Holanda. Y cito estos países que son en los que han aparecido brotes de racismo hasta tal punto que en Francia se han tenido que unir todos los partidos para que no gane el que prometió echar a los inmigrantes. Sabes lo que ha pasado en Holanda, el país más rico y tolerante de Europa, lo mismo. ¿Y eso es por qué la gente es insolidaria e intolerante? No, es porque no es posible asumir tantos impuestos hasta llegar a vivir en la miseria en un país que los pobres denominan rico.
En España todavía hay mucho paro, que se sufraga con los impuestos de los que trabajan.¿Qué pasará si aumenta indiscriminadamente la población? Pues, al no haber trabajo, la gente robaría y mataría para comer y eso hace imposible la convivencia en un país. Esto ya está pasando aquí.
En España, en general no hay familias de más de dos hijos y si no trabajan el padre y la madre no se les puede sacar adelante. Al menos, ésa es mi experiencia personal.
Espero que esto se comprenda y no moleste a nadie.
También me gustaría que alguien más opinara sobre el asunto.
Un abrazo, E.

 

 


A.B., Argentina

Estimado E.:
Lo que tú expresas es perfectamente comprensible. Sin embargo, me parece que esto de cerrar paso a la inmigración es de hecho anticonstitucional y por lo menos inhumano. Y para nosostros, los argentinos, es un tema que en particular nos conmueve y mucho. No sólo porque muchos de nuestros compatriotas quieran irse hacia allí ahora mismo (que aclaro de antemano no es mi caso) sino porque históricamente hemos sido y somos una tierra de puertas abiertas. Aquí vivieron y viven diversas corrientes migratorias. Europeos de todas partes, asiáticos, árabes y latinoamericanos han venido aquí en busca de un mundo mejor, de nuevas posibilidades, de una nueva vida. Si lo han conseguido o no, yo no lo sé. Pero aquí jamás hemos pensado seriamente en la posibilidad de poner coto a la chance de que cada quien pueda llegar y buscar su lugar en el mundo.
Aquí hay una canción que dice que "los argentinos llegamos de los barcos". Yo no estoy muy de acuerdo con eso porque soy consciente de que en estas tierras había gente mucho antes de que llegaran esos barcos. Pero ¿sabes?, entiendo el concepto de la letra. El punto es que la mayoría de nuestros abuelos sí han llegado de los barcos. Y aquí han tenido la posibilidad de instalarse, de encontrar un empleo y un hogar; de formar una familia, de tener hijos y nietos; de convertirse en miembros de una comunidad que los ha acogido sin más. Entonces es lógico que nos caiga bastante mal la noticia que se ha extendido ayer. De todos modos, creo en la autoderminación de los pueblos. Y si el pueblo español, italiano, francés, holandés, boliviano, paraguayo, chileno, brasileño o quien sea determina que los inmigrantes no pueden entrar, sospecho que lo comprenderé. Pero nunca podré estar de acuerdo. Con todo respeto. Un abrazo, A.

 


A.T., Argentina:

E.:

Tus palabras me hacen recordar un hecho que viví no hace mucho tiempo, para ser más preciso entre 1993-95. Durante este periodo viví en Bruselas, becado por mi país para realizar trabajos de plástica en la Academiè Royale des Beaux-Arts. Conocí a marroquíes y gente del Zaire y comprobé cómo los discriminaban. Y la explicaciòhn era ésa misma que tú alegas (falta de trabajo para los propios, que ya somos muchos, que el paro...y bla, bla, bla). Ningún belga se acordaba de que en los '60 fueron ellos los que se aprovecharon de la pobreza de estos países, y trajeron "mano de obra barata" para realizar trabajo "no cualificado para un belga", pagándole un tercio de lo que cobrara un belga. Ninguno se acordó cómo después de que Bélgica creciera económicamente, entre otras cosas gracias a esa mano de obra explotada, trató de sacárselos de encima como si fueran las pulgas de un perro, discriminándolos y entre otras cosas, no permitiéndoles llevarse a sus NIETOS (!!!!!¡¡¡¡), a personas que gozaban de la ciudadanía belga, ganada a fuerza de sudor y desarraigo.
Así que E., creo que lo de H. no es una generalización, es una realidad. Y duele, porque mi abuelo vino de su Lopera natal (Jaén - España), muerto de hambre y de golpes, a los 11 años en un barco, harapiento y MI pais le dio todo: Trabajo, una familia y dignidad ante todo. Pero mi abuelo lo agradeció toda su vida. Se naturalizó argentino porque estaba orgulloso y agradecido. Y tan bien acogido estaba, que trajo al resto de su familia, durante la Guerra Civil española, donde se morían de hambre y necesidades.
No te imaginas lo triste que es esta noticia para mí.
Un abrazo, A.

 


A. R., Inglaterra

Querido E.:
Permíteme que te conteste desde mi calidad de 'emigrante' en un pais que no es el mío. A pesar de lo mucho que podamos criticar a esta isla, hay ciertas cosas que admiro de este pueblo, y es el cómo se puede llegar muy arriba por lo que eres y no por de dónde vengas. Yo llevo casi 7 años fuera de España y te puedo asegurar que llegar a un país culturalmente diferente, donde se habla otra lengua y no conoces a nadie, no es fácil.

Ciertamente ningún inglés me ha reprochado la usurpación de su puesto. Creo que debes considerar que la mayoría de los trabajos realizados por emigrantes son rechazados por nuestros compatriotas. No olvides tampoco que casi un 50% posee estudios universitarios y están más preparados para desempeñar algunos trabajos que los españoles, si los pudieran hacer, pero a los que ni aspiran pues saben el rechazo que podrían sufrir.

Como profesora de español, planteo muchos ejercicios a mis estudiantes para que adopten roles que no son los suyos, yo te propondría uno. ¿Que harías si tu país estuviese en guerra o estuvieses perseguido políticamente, tuvieras una familia y no pudieses conseguir comida para tus hijos? (no es mi intención que practiques el condicional, sino que te incite a la reflexión).

Adiós, A.

 

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