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Cuando se proclama la Segunda República en España (1931), Luis Cernuda se encuentra entre sus partidarios. Como ejemplo, tenemos su participación en la Misiones Pedagógicas y Culturales que organiza el gobierno de la II República desde 1934. Su compromiso político le lleva a afiliarse al Partido Comunista, aunque por breve espacio de tiempo, y también a colaborar en revistas de marcado carácter izquierdista, como es el caso de El Heraldo o la revista Octubre, fundada por Rafael Alberti. En el otoño del 36, cuando las tropas franquistas se acerquen a la capital española, se incorpora a las milicias populares y pasa algún tiempo en la Sierra de Guadarrama luchando en la defensa de Madrid. Unos meses después, se instalará en Valencia, que después de la evacuación de Madrid será la residencia oficial del gobierno republicano; en esta ciudad participa en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas.
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Después llegó el exilio. Aunque no compartiera con otros compañeros de generación, como Alberti, el servicio de la poesía a la causa política, la posición de Cernuda respecto al levantamiento franquista y la posterior dictadura militar fueron siempre rotundas:
Los primeros catorce años del exilio los pasó en países sajones, primero Gran Bretaña, adonde llegó en la primavera de 1938 y en donde residió hasta 1947, año en que se marchó a EE.UU. Su último destino en el exilio sería México en donde murió en 1963. En primer lugar, el destierro le obligó a buscar una forma de subsistencia económica, que en los primeros meses le produjo gran angustia:
La salida la encontró en la docencia. En Gran Bretaña, Cernuda vivirá de su trabajo como profesor en diferentes universidades: Surrey, Glasgow y Cambridge, y finalmente como lector del Instituto Español de Londres. Su vida en Gran Bretaña, aunque le abriera las puertas de los clásicos ingleses y le permitiera descubrir la obra de autores que influirán decisivamente en su obra como T.S. Elliot, acrecentó su aislamiento interior. Así al marcharse de Gran Bretaña escribiría en el trasatlántico que lo llevaba a América: "Nada suyo guardaba aquella
tierra (Del poema La partida en Vivir sin estar viviendo, 1944-49) Su siguiente destino fue Mount Holyoke, en Massachusetts, en cuya universidad trabajó de nuevo como profesor de español hasta 1952. Sin embargo, las visitas estivales que iniciara a México en 1949, se repetirían los años sucesivos, hasta convertirse este país en su residencia definitiva, si bien volvió a EE.UU. para trabajar de 1960 a 1963 en Los Ángeles. Con esta estancia norteamericana se siente todavía menos identificado que con la inglesa, ya en México comentará:
Por otra parte, el destierro originó una nueva temática en su obra: los sentimientos respecto a la patria abandonada. Estos poemas dedicados a España y sus habitantes reflejan el conflictivo amor del poeta por su tierra. Si en los primeros libros del destierro, se aprecia una honda identificación sentimental con la tierra nativa: "Raíz del tronco verde,
¿quién lo arranca? sus sentimientos hacia España se irán amargando hasta llegar a culminnar en el odio hiriente de su último libro Desolacion de la Quimera (1956-1962), en el cual Cernuda reniega de su condición de español, a la que sólo la lengua no le permite renunciar definitivamente.
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