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A por el tercer idioma

por Asunción V. Hermida


octubre, 2002

 

Acaba de empezar el curso para los 40.000 estudiantes de la Universidad de Hamburgo. Sólo una minoría decidirá incluir en su apretada agenda el aprendizaje opcional de un idioma extranjero. En torno a 1.000 estudiantes se matriculan cada semestre en los cursos ofertados por esta universidad en colaboración con otra institución pública de gran tradición en Alemania, la Universidad Popular, sin equivalente en España.

La matrícula, que dejó de ser gratuita hace cinco años siguiendo una evolución que no es singular en este país, asciende a 111 euros por semestre. Entre las lenguas que es posible aprender: francés, inglés, italiano, portugués, ruso y español, es éste, seguido del inglés, el idioma más demandado. La explicación de esta preferencia, que quizá pueda sorprender en España, se debe al nivel de inglés con que se accede a la universidad desde la escuela y que determina que haya una mayoría de estudiantes procedentes de otros países en las clases de inglés de la universidad, sobre todo en los cursos iniciales.

Junto a esta oferta optativa y no gratuita, existen otros cursos que forman parte de los diferentes planes de estudio y tienen un carácter obligatorio, o bien son asumidos como responsabilidad académica directa de la institución. En este apartado destacan los llamados cursos de lenguas con fines específicos, englobados en un centro de reciente creación: francés para economistas, inglés para abogados o español para médicos, por poner algunos ejemplos. Para acceder a estas clases es necesario dominar la lengua objeto de estudio, lo que implica que la demanda sea todavía más restringida. Esta organización de la enseñanza de idiomas descansa en un planteamiento académico según el cual sólo los cursos de cierto nivel de especialización deben ser asumidos por la universidad, mientras que los básicos deben pagarlos los alumnos. Lamentablemente se trata de un planteamiento teórico que no refleja las necesidades de los estudiantes, la mayoría de los cuales llega a la universidad sabiendo bien una lengua, por lo general el inglés.

Deseos y actos se contradicen en esta política lingüística. Ya en 1995, el Libro blanco sobre la educación y la formación de la Comisión Europea establecía como objetivo prioritario el dominio de tres lenguas comunitarias; tanto los responsables políticos como educativos insisten en la importancia de su conocimiento, pero ni la escuela parece poder asumir aún esta meta, ni la universidad la hace propia. Este modelo de gestión nos alerta además sobre un proceso común a varias universidades alemanas que están externalizando la docencia a través de contratos con instituciones para que impartan estos cursos. Por medio de este tipo de contratos cumple la universidad con sus objetivos académicos. Una elección peligrosa porque implica la desprofesionalización de los docentes, con situaciones de trabajo muy precarias que no deberían pertenecer a este nivel, lo que sin duda aleja los objetivos planteados por los responsables comunitarios.

Artículo publicado en El País, edición valenciana, el 30.09.02

 

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