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noviembre, 2002
Charo Álvarez Reguera


Hace 20 años...


Hace veinte años estrené una bicicleta negra y un precioso jersey rojo, el cielo se había roto sobre la ciudad y durante días una cortina líquida nublaba el horizonte. Fue en octubre de 1982, en las vallas, las esquinas y los solares la mirada de un hombre del sur, Felipe González, que recorrió España en autobús, invitaba a la esperanza: "Por el Cambio"; ése fue el eslogan que prendió en la cabeza y en los corazones de 10 millones de votantes.
Aún resuena en los oídos la sintonía que acompañaba un spot desde el que se abría una ventana hacia el horizonte azul... Ahora que lo recuerdo no deja de ser sintomática esa combinación del voto en rojo con futuro azul [1]. Y es que España cambió, dobló la esquina de su historia y abandonó para siempre el estigma de diferente. En octubre de 1982 terminó el viaje por el tránsito desde la noche franquista hacia el horizonte marino del cambio. Al final de ese trayecto, en esta ciudad, Valencia, escuchamos el ruido de los tanques [2] y millones de ciudadanos y ciudadanas salimos a la calle juntos, Loewes [3] y mochilas de pana, dispuestos a abrir esa ventana del futuro.

El abrumador triunfo socialista hace 20 años puede recrearse desde multitud de perspectivas; en él participaron generaciones de jóvenes ávidas de protagonizar su historia, junto a generaciones anteriores que no podían ocultar las lágrimas.

La euforia en las calles y en las miradas dio paso el 30 de octubre a un viaje acelerado hacia la modernidad, como recuerdan hoy algunos de los protagonistas: pasamos del estado de beneficencia al estado social. Las imágenes se agolpan y se mezclan en la memoria: la universalización de los servicios básicos como sanidad y educación con el abandono pragmático de las utopías, por ejemplo en el referéndum de la OTAN o las duras reconversiones industriales; la explosión de las manifestaciones culturales libres, con el olvido obligado de las lesiones del pasado.

Esta transformación se visualizaba también en el cambio de las imágenes de sus protagonistas: chirucas [4] y chaquetas de pana se abandonan por trajes de marca y zapatos de tacón; el diseño, la moda, la movida [5] pasan a ser referentes en la nueva imagen de España. La década prodigiosa tiene su broche de oro en 1992, el príncipe abanderado pone en pie el estadio olímpico [6], y desde Sevilla se proyecta al mundo que el sur se ha desplazado, que la frontera ya no está en los Pirineos sino en el Rif, desde donde hoy parten las pateras [7].

Sí, hace 20 años; y algunos, los más creo, hicimos de la necesidad virtud y asumimos las contradicciones y desajustes que suponen los procesos acelerados; otros se han varado, bien instalándose en modelos acríticos y confortables, bien contemplando un jardín interior de nostalgias. Los conservadores, los que hace 20 años aceptaron en silencio la marea imparable del cambio, gobiernan hoy con torpeza tanta que volvemos a ver en el horizonte cómo renace ese genio que prefiere, aun con pragmatismo, seguir sintiendo que es posible y deseable un mundo diferente.

 

Notas:

  1. Rojo, color tradicional de los partidos de izquierda; azul, representativo de la derecha.
  2. Golpe de Estado de 1981.
  3. Alusión a una marca de ropa que llevaba la gente con dinero; se menciona así la manifestación conjunta de sectores más conservadores y más izquierdistas por la democracia.
  4. Tipo de bota, muy popular en la época.
  5. Movimiento cultural de los años 80.
  6. Durante los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, el principe Felipe desfiló al frente del equipo español, portando la bandera.
  7. Embarcaciones en las que cruzan el estrecho los inmigrantes desde África a España.