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Hace
20 años...
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El abrumador triunfo socialista hace 20 años puede recrearse desde multitud de perspectivas; en él participaron generaciones de jóvenes ávidas de protagonizar su historia, junto a generaciones anteriores que no podían ocultar las lágrimas. La euforia en las calles y en las miradas dio paso el 30 de octubre a un viaje acelerado hacia la modernidad, como recuerdan hoy algunos de los protagonistas: pasamos del estado de beneficencia al estado social. Las imágenes se agolpan y se mezclan en la memoria: la universalización de los servicios básicos como sanidad y educación con el abandono pragmático de las utopías, por ejemplo en el referéndum de la OTAN o las duras reconversiones industriales; la explosión de las manifestaciones culturales libres, con el olvido obligado de las lesiones del pasado. Esta transformación se visualizaba también en el cambio de las imágenes de sus protagonistas: chirucas [4] y chaquetas de pana se abandonan por trajes de marca y zapatos de tacón; el diseño, la moda, la movida [5] pasan a ser referentes en la nueva imagen de España. La década prodigiosa tiene su broche de oro en 1992, el príncipe abanderado pone en pie el estadio olímpico [6], y desde Sevilla se proyecta al mundo que el sur se ha desplazado, que la frontera ya no está en los Pirineos sino en el Rif, desde donde hoy parten las pateras [7]. Sí, hace 20 años; y algunos, los más creo, hicimos de la necesidad virtud y asumimos las contradicciones y desajustes que suponen los procesos acelerados; otros se han varado, bien instalándose en modelos acríticos y confortables, bien contemplando un jardín interior de nostalgias. Los conservadores, los que hace 20 años aceptaron en silencio la marea imparable del cambio, gobiernan hoy con torpeza tanta que volvemos a ver en el horizonte cómo renace ese genio que prefiere, aun con pragmatismo, seguir sintiendo que es posible y deseable un mundo diferente.
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