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Soy un apátrida,
porque innumerables patrias
reposan en mí.
de Vilém Flusser, Bodenlos.
Anna Seghers mit Tochter Ruth

 

"Cuando la gente te pregunta dónde está tu patria no sé qué contestar..."
Entrevista con Ruth Radvanyi, hija de Anna Seghers, nacida en 1928, sobre su experiencia de niña y adolescente en el exilio. Vivió con sus padres y su hermano, dos años mayor que ella, en Francia entre 1933 y 1941, luego en México hasta 1946. Allí, los dos niños fueron al colegio francés y terminaron y pasaron las pruebas de aptitud a la universidad. Al finalizar la escuela Ruth Radvanyi estuvo trabajando un año de enfermera auxiliar en un hospital infantil mexicano. A continuación estudió medicina en París durante ocho años. Y volvió a Alemania. Allí trabajó de pediatra en el antiguo Berlín del Este. En la actualidad está retirada. Su hermano Pierre también estudió y trabajó como físico en Francia. Actualmente vive en Orsay. Ruth Radvanyi es vicepresidenta de la Fundación Anna Seghers. El objetivo fijado en los estatutos de la misma es promocionar mediante un premio a escritores y escritoras aún desconocidos, en Alemania y en Latinoamérica.

 

Die Familie in fränzosiches Exil¿Por qué sus padres, estando en México, la llevaron a una escuela francesa?
RR:
Querían que pudiésemos tener una continuidad con nuestros años escolares en Francia. Además tenían la idea de que, una vez "destruido" Hitler, nosotros tendríamos la posibilidad de hacer una carrera universitaria en Francia con el examen de aptitud francés.

¿Cómo fueron aquellos años escolares para usted?
RR: Siempre fuimos a la escuela con entusiasmo. En México tuvimos algunos profesores muy comprometidos con su trabajo que también eran exiliados. Sobre todo mi profesor de filosofía, Ramon Xirau, de quien todavía me acuerdo bien. Tenía un método muy interesante para enseñarnos filosofía de forma muy amena.

¿Qué método era?
RR: Habíamos establecido algo así como un juego de rol en el que cada uno de nosotros representaba a un filósofo. Nuestra tarea consistía en presentar las teorías y discutir entre nosotros. Por cierto, yo era Kant y, cómo no, no faltaban Platón, Marx, Descartes y muchos otros. Nos lo pasábamos muy bien haciéndolo. Todo esto estaba en consonacia con mi etapa escolar en Francia, en los años 30. Y es que allí fuimos a una especie de escuela liberal, en la que no se ponían deberes y trabajábamos los temas por nosotros mismos, con ayuda de fichas.

¿También tenía compañeros mexicanos en clase?
RR: Muy pocos. Por eso tampoco tuvimos demasiado contacto con otros jóvenes mexicanos. En esa escuela había toda una mezcla de nacionalidades. La mayoría eran hijos de un grupo de comerciantes franceses que vivían allí.

Estos numerosos cambios de escuela, ¿influyeron de forma negativa en sus resultados?
RR: No lo sé. Lo más difícil para mí fue empezar la escuela. Había tenido que aprender a leer directamente en francés y no me iba muy bien con la pronunciación francesa. Eso me había costado un buena cantidad de lágrimas -y a mi profesora seguramente también (ríe). Sin embargo, una vez superado ese escollo pude saltarme un año y pasar al curso superior en poco tiempo... Buena estudiante, al contrario que mi hermano, no lo era, aunque, de todos modos, la escuela siempre me ha gustado mucho.

En México, ¿podía entenderse en español?
RR: Si no recuerdo mal, lo hacía sin esfuerzo alguno. Manteníamos muchos contactos personales con gente autóctona gracias a las expediciones humanitarias que habíamos hecho a la selva junto con cuáqueros amigos nuestros, para ayudar a los más pobres. La pobreza de aquella gente fue algo que me conmovió realmente. Siempre sentí la necesidad de ayudar, creo que era por influencia del aura de mi madre... Esas expediciones las habíamos hecho a caballo. Era muy romántico.

 

Ruth mit ihrer Mutter¿Cuál es, pues, su lengua materna?
RR:
Ahora es otra vez el alemán pero hasta bien entrada la época de la DDR, mi primera lengua seguía siendo el francés. Todavía hoy, cuando hago cuentas, tengo que hacerlo en francés la mayoría de las veces. En casa, con mi hermano, sólo hablaba francés y con mis padres, alemán.

¿Qué sensación tiene al oír la palabra "patria"?
RR: Cuando la gente te pregunta dónde está tu patria, no sé qué contestar. Mi patria cultural fue durante mucho tiempo Francia. Por otro lado, mi patria era, quízá, la antigua DDR, puesto que nadie puede volverse francés y yo quería sentirme en casa en algún momento. Seguramente por eso volví a Alemania, pero no quise ir a la RFA: allí había demasiados nazis para mi gusto. La gente habla siempre de identidad, la mía es la "identidad humana".

¿Qué es lo que le ha aportado el tiempo que pasó en México?
RR: Guardo muy buenos recuerdos de México. Muchos me preguntan si la emigración no fue terrible para mí. Pues bien, yo me fui de Alemania a la edad de cinco años, así que sólo puedo responder que a mí me supuso un enriquecimiento. Francia y México me han dado muchísimo. Incluso los ocho años de carrera en París me aportaron mucho.

¿Ha vuelto a ir a México alguna vez?
RR: No, tengo la manía de no querer volver a los sitios que han sido importantes en mi vida. Podría haberlo hecho, pero no quise.

¿Cuáles son ahora sus sentimientos con respecto a México?
RR: Amor. Amor, por supuesto. Nos acogieron. Sus ciudadanos son un pueblo fantástico. Y cuando lo digo, siempre pienso en las narraciones de mi madre, Crisanta o Das wirkliche Blau.

¿Cuál es su relación con la literatura de su madre?
RR: Para ser sincera, antes leí pocos libros. Quizá fuera por una reacción a la defensiva. Nos queríamos, pero nuestros caminos siempre transcurrieron separados el uno del otro. Empecé a leer más obras suyas después de la caída del muro, en 1989, cuando se la atacó tantísimo.

¿Experimentó los miedos y dificultades a los que sus padres tuvieron que enfrentarse durante el exilio?
RR: Prácticamente no. En aquel entonces mi madre nos hablaba muy poco de sus preocupaciones; y más adelante, todavía menos. Cuando ahora miro hacia atrás, me parece una lástima, me hubiera gustado ayudarla. Por otro lado, mi madre tenía por principio el querer que nosotros llevásemos una vida normal, dentro de lo que cabía, y creo que lo consiguió. Nuestra formación era muy importante para ella y por eso se empeñaba en que fuésemos lo más pronto posible a la escuela en cada una de nuestras paradas durante el exilio para que tuviésemos un ritmo estable. Creo que no podía permitir que estuviésemos por ahí sin hacer nada, aunque lo estuvimos.

¿Tiene un libro favorito, de entre las obras de su madre?
RR: Mi favorito es, quizá, Die schönsten Sagen vom Räuber Woynok.

 

La entrevista fue realizada por Detlef Zunker y Asunción Vacas Hermida en Agosto de 2002. Traducción por Ana Sanvisens.



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