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Christiane Goeke
estudiante de español

 

Bilbao, siete años después

Tardé siete años en volver a Bilbao para celebrar con tres amigos míos (alemanes) el cambio del milenio con la familia de Marta. ¡Qué idea tan rara la de ir al País Vasco, además en invierno, en lugar de visitar, por ejemplo, Roma, París o Barcelona! Pero tenía ganas de ver a Marta y a su familia y de saber cómo se celebra la nochevieja en Bilbao.

La situación fue totalmente distinta a la primera vez que había estado en Bilbao. Hablaba un poco de español, lo que simplificaba entender a la gente y entrar en la cultura vasca. Y además tenía ya una idea de Bilbao, es decir, sabía lo que me esperaba sin ninguna ilusión. En lo tocante al tiempo fue más fácil de aceptar la lluvia en invierno que en verano.

Al ver la ciudad me quedé pasmada. Bilbao había cambiado muchísimo.
Una gran area al lado de la Ría estaba en proceso de transformarse en un lugar de arquitectura moderna. Todo había empezado con la construcción del museo Guggenheim ( los obras duraron 4 años de 1993 a 1997). El arquitecto Gehry tenía la idea de diseñar un museo que sirviera como referencia reconocible en todo el mundo. Su visión se cumplió cien por cien. El Guggenheim con sus formas espectaculares y sus brillantes placas de titanio atraen cada año a un montón de turistas y expertos en arte de muchos países. A este respecto la gente hablaba a menudo del « efecto Guggenheim ». Yo era una turista entre muchos e incluso me encontré a unos alemanes en el metro. ¡Qué diferencia con la primera vez !

Museo Guggenheim
Por otro lado había también un movimiento contra el museo y los proyectos siguientes. Por ejemplo, una hermana de Marta no quería visitar el museo por razones políticas y sociales. Dijo que el dinero que había devorado el Guggenheim faltaba para urgentes proyectos sociales.
El Guggenheim forma parte de un proyecto ambicioso de las instituciones vascas. Tenían el objetivo de promover la cultura para generar cambios sociales y económicos. Después de muchos años desastrosos (desempleo, empobrecimiento y terrorismo), querían crear un proyecto de optimismo, un centro de cultura, finanzas, ocio y consumo. Para garantizar que el proyecto atrajera las miradas del mundo contrataron a arquitectos célebres como Gehri, Calatrava y su puente blanco (Zubi Zuri, en euskera) y Norman Foster para construir el Metro. Sus paradas son impresionantes por la sensación de gran espacio. Para el futuro proyectaban un nuevo hotel de lujo, un parque de la Ribera, a lo largo del río, un palacio de congresos, un superpuerto y una nueva terminal internacional en el aeropuerto. (El último proyecto ya está terminado y Marta y sus amigos dicen que la nueva terminal es muy bonita pero poco práctica).
A mí me fascinó ver transformarse una ciudad en poco tiempo y hacer realidad una visión arriesgada.