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Christiane Goeke
estudiante de español
 

 

Bilbao, verano de 2002

Al visitar otra vez Bilbao en el verano de 2002 sentía curiosidad por ver cómo habían progresado las obras. Por ejemplo, casi habían terminado el paseo a lo largo de la ría que conecta con el casco viejo. La ría está todavía muy contaminada pero se va aclarando poco a poco. Marta tiene un nuevo piso al lado y hasta hoy la vista a través de la ventana es muy fea. Pero quizás, algún día, su piso tendrá más valor por su extraordinaria situación.

Marta me dijo que habían construido un nuevo sistema para aclarar el agua. Se llama “Sifón de Deusto" y es un edificio muy bonito que sirve para conducir las aguas sucias del margen derecho hasta la depuradora de Sestao.

A pesar del éxito de la nueva urbanización había también efectos negativos. Por ejemplo, los precios de los pisos, hostales y de la alimentación habían aumentado enormemente. Se notaba un desplazamiento social de la gente que ya no podía pagar el alquiler.
La esperanza de muchos hoteleros de ganar más con el turismo no se había cumplido. La mayoría de los turistas residen en San Sebastián, una ciudad de la costa muy bonita, y van a Bilbao solamente para un día. Y la superficie de titanio del museo Guggenheim, el emblema de la ciudad moderna, corría el peligro de no ser suficientemente resistente al viento y a la contaminación.

Pero a pesar de los efectos negativos pienso que es un proyecto de urbanización muy logrado y que una visita vale la pena. Y no solamente por la arquitectura moderna sino también por los edificios del pasado y la gente que es muy maja.
¡Agur!