Febrero, 2003
15 de febrero de 2003. Una marea humana recorre
las calles españolas, no sólo en las grandes ciudades,
como en Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia, sino en todas las capitales
de provincia, así como en ciudades más pequeñas
y pueblos: unas 60 convocatorias oficiales en todo el país
para decirle a su gobierno que hace ya más de veinte años
España vive en una democracia en la que el gobierno tiene la
obligación de representar, que no secuestrar, la voluntad de
los ciudadanos. La gestión política de esta representación
ha sido pervertida por el gobierno español. El presidente Aznar
ha apoyado y promocionado la acción bélica preventina
de los EEUU en su cruzada contra Sadam Husein, sin importarle que
en la defensa de esta guerra preventina se vulneren principios del
Derecho Internacional, se debilite la capacidad de representación
y la imagen de la ONU y se haya generado una crisis política
en el seno de Europa.

Manifestación
en Barcelona (fuente Indymedia.org)
En la manifestaciones en contra de la guerrra que
recorrieron Europa el 15 de febrero se ha puesto de manifiesto que
a los ciudadanos no les interesa el maniqueísmo difundido por
la administración Bush de viejos y nuevos europeos,
de buenos aliados frente a malvados, sino que por encima de estos
discursos políticos retóricos no quieren una guerra.
No es casual que las manifestaciones más multitudinarias hayan
sido aquéllas celebradas en los países que más
se han destacado por su apoyo a las tesis intervencionistas de la
administración estadounidense (Gran Bretaña, España,
Italia) ¿Son los ciudadanos más conscientes que sus
gobiermos de lo que significa una guerra y su memoria histórica
es más fiable? Sin duda.
Ésta es la lección que los españoles
le dieron a su presidente. Los aproximadamente 5.000.000 de manifestantes
que el día 15 salieron a la calle dijeron muy claramente: "No
a la guerra. No en mi nombre", pero también criticaron
explícitamente el discurso y la acción política
de su gobierno en este conflicto: ciudadanos libres y que se sienten
responsables de su deber de participación política.
¿Estará el gobierno español
capacitado para asumir la responsabilidad que le exigen sus ciudadanos?
Las declaraciones del gabinete de Aznar que se han
sucedido hacen dudar de esta capacidad. Por una parte, se ha silenciado
la crítica que se expresó en las manifestaciones a su
actuación política, o bien, se ha insistido en que ésta
es objeto de manipulación por parte de la oposición.
Por otra, se ha subrayado el carácter ingenuo, aunque bondadoso,
eso sí, de los manifestantes, cuyo noble corazón les
"arrebata éticamente". Desde cualquiera de estas
dos posturas, los españoles que se manifestaron no son considerados
como ciudadanos responsables que se informan y forman sus opiniones,
sino sólo como sujetos manipulables, curiosamente sólo
por otros grupos políticos, pero no por el gobierno, e "hijos
pequeños" a los que hay que guiar por el buen camino.
¿Es ésta una nueva democracia que nos propone el gobierno
actual en el contexto de una Europa renovada? Evidentemente, no para
los ciudadanos españoles.
Ver crónica
de la manifestación en Valencia, en la que participamos.