13 de marzo de 2004
Ayer, 12 de marzo, más de once millones de españoles
salían a la calle para manifestarse en contra del terrorismo.
También hubo manifestaciones en diferentes ciudades europeas,
flores ante las embajadas españolas, velas encendidas y libros
de condolencia. Ayer y hoy y en los próximos días todos
somos madrileños: yo no soy catalán ya, ni español
siquiera, ni hay vascos ni castellanos ni andaluces, hoy somos todos
víctimas, hoy somos todos madrileños.
Ante el dolor provocado por la matanza del 11-M, ante el absurdo
de ese dolor y ante el absurdo de cualquier acto de terror las personas
que llenaron ayer las calles españolas portaban pancartas con
la pregunta "¿Por qué?". Ése
fue el lema que se quedó grabado en mi memoria; los otros,
ETA no, No a la Guerra, Asesinos o Paz y No
Bombas, ya los conocemos y expresan una repulsa clara que no pretende
respuesta ni pretende argumentar sus propios ideales porque lo que
esas frases expresan no precisa explicación. Pero ese "por
qué" interrogativo lanzado a los responsables de la masacre,
esa pregunta, espera una respuesta, necesita una explicación
para poder soportar el dolor en el que nos han sumido 200 muertos
y 1500 heridos. Y desgraciadamente, aun frente a lo abominable y repugnante
de cualquier acto terrorista, mueran en el una o 1000 personas, en
esta ocasión parece haber una respuesta clara. Nuestro dolor
es el mismo que el de las personas que fueron bombardeadas en Irak
en nombre de la libertad y la democracia, nuestro dolor es el de aquellos
que perdieron sus casas, a sus seres queridos, la poca miseria que
poseían y en la que malvivían bajo la tiranía
de Saddam Hussein antes de que los asesinara la tiranía capitalista,
nuestro dolor, posiblemente, lo provocan bombas lanzadas en nombre
de Alá y del Corán y que sumen en el caos el corazón
de nuestras ciudades y nuestro modus vivendi. La respuesta,
pues, es la venganza, la respuesta es la guerra.Y esa respuesta convierte
el atentando del pasado jueves en algo todavía más aterrador,
en algo todavía más absurdo.
Me pregunto, prefiriendo desconocer la respuesta, cuántas
de las víctimas del 11-M participaron hace meses en las manifestaciones
en contra de la guerra y me repugna que el presidente del gobierno
español, José María Aznar, participe en una manifestación
contra un atentado terrorista que él mismo ha provocado llevándonos
a todos los españoles a una guerra contra la que el 90% de
la población estaba en contra. Y ahora ya no sirven los discursos
grandilocuentes, ni la mano dura, ni el "cazaremos a esos cobardes"
de película mala estadounidense... , no hay nadie a quien cazar
porque desgraciadamente el atentado salvaje en Madrid está
perfectamente justificado según las reglas que los países
democraticos hemos creado y consideramos como las únicas válidas:
en una guerra vale prácticamente todo (quiero ser prudente)
y ante un ataque de otra nación (en este caso España)
es lícito defenderse. Lo peor de la tragedia, dejando de lado
la muerte de los inocentes pues nada hay peor que su muerte, es que
estamos en guerra con el mundo islámico y que esa guerra provocará
muchas más víctimas en USA, en Alemania u otra vez en
España... victimas inocentes que solo querían ir a su
trabajo o a la Universidad, como los madrileños que murieron
en esos trenes infernales, como la mayoría de nosotros que
nunca quisimos esa guerra y nos arrastraron a ella.
Hoy, al margen de todo, estoy en España en mi pensamiento
y en mi corazón a pesar de la lejanía física,
estoy con mis amigos y mi familia, abrazados y llorando por los que
ya no están, y todos somos madrileños.