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Stefan Zweig


"Siento un fuerte rechazo a convertirme en emigrante y sólo lo haría en caso de extrema necesidad."
(15 de mayo de 1933)

 

 

 

Geburthaus

Quema de libros, 1933

 

 

 

 

Stefan Zweig und seine zweite Frau

 

 

 

Lotte, su segunda mujer

 

 

 

 

 

Película basada en La novela de ajedrez

 

 

 

 

 

Con Joseph Roth, 1936

"Roth es por desgracia un loco, si bien uno encantador. ¡Que hombre tan maravilloso se va a pique!"

 

 


Entierro en 1942 en Petrópolis

 

Exilio

Los primeros cuatro años en Gran Bretaña Stefan Zweig conservó su nacionalidad austríaca y gozó de absoluta libertad personal por lo cual la ruptura con la patria no fue abrupta ni definitiva y durante ese tiempo visitó regularmente a su mujer y su familia.
Aunque en ese periodo le preocupaba la peligrosa evolución del fascismo, como se puede comprobar leyendo sus cartas, evitó en todo momento pronunciarse públicamente en lo referente a la política o participar en actos antifascistas en los que tomaron parte otros intelectuales exiliados. En lugar de eso Zweig estudió los orígenes históricos del fascismo y dedicó su trabajo literario a ese estudio y a las primeras grandes personalidades que lucharon por la libertad espiritual. En este campo son de fundamental importancia sus biografias sobre Erasmo de Rotterdam y Castellio, contrario a Calvino. Ambas obras tuvieron una gran repercusión a nivel internacional e impresionaron profundamente a muchos colegas del escritor. Estas obras podían leerse como una parábola de la necesidad de la lucha contra el fascismo y la injusticia. Stefan Zweig había elegido a dos personajes historicos que no tenían cabida en ningún grupo político concreto pero que lucharon contra políticos sin escrúpulos con las armas del espíritu aun sabiendo desde un principio que era una batalla perdida de antemano. En sus cartas escribe que intentó retratarse a sí mismo en "Erasmo" y en "Castellio", a la persona que le habría gustado ser. Los dos volúmenes han sido injustamente olvidados en Alemania. En España recientemente han aparecido, de ambas obras, nuevas traducciones muy alabadas por la crítica.

Los años anteriores al estallido de la segunda guerra mundial, Stefan Zweig realizó numerosos viajes para dar conferencias. En esta época quedó impresionado por el número de asistentes a sus conferencias y por el recibimiento que se le hacía en muchos países de Sudamérica. Sin duda este hecho influiría más tarde en la decisión de instalarse en Brasil cuando abandonó definitivamente Europa.

Su éxito y su prestigio intelectual, acompañado de una acomodada situación económica, le sirvió además para ayudar a muchos emigrantes que no disponían de los mismos medios que él. Stefan Zweig no solía hablar de ello pero muchas anecdotas han llegado a nosotros a través de amigos y conocidos del escritor. Así por ejemplo, Hemann Kesten escribía:

"Antes de la guerra dos escritores alemanes en el exilio estábamos sentados en un restaurante de París."¿Qué tal está Ernst Weiß?", preguntó Zweig. "Mal", dije yo, "Weiß no tiene dinero." Otro día fui a las Tullerías a pasear y me encontré casualmente a Ernst Weiß. "Ayer me visitó Zweig", me contó. "Vino a pie, subió hasta mi buhardilla en el sexto piso y me obligó a leerle de mi nueva novela. Entonces me regaló 8000 francos. "De eso puede vivir dos o tres meses", le dije. "Sí" contestó Weiß. "Pero ¿ha leído la novela de Zweig? Sólo plagios. He encontrado en Zweig, ligeramente dañado claro, uno de los personajes de mi novela sobre la inflación." "¿Le ha contado esto a Zweig?" "Naturalmente. Se rio y me aconsejó escribirle si volvía a necesitar dinero." "Lo haré", le dije. "Se rio. Es rico. Tiene éxito. Es un hijo de la fortuna.".

El exilio voluntario de Zweig terminó en 1938 con la ocupación alemana de Austria. Su pasaporte quedó invalidado y se vio obligado a solicitar un documento británico para personas sin Estado. De este modo se convertía en un solicitante de asilo en un país que respetaba pero que no había llegado a sentir como propio. Con la entrada de Inglaterra en la guerra la libertad personal del escritor se reduce drásticamente y se ve convertido en extranjero a duras penas aceptado por la sociedad británica. En 1940, gracias a la presión y las gestiones de sus amigos ingleses Stefan Zweig recibe la nacionalidad británica.
La libertad recuperada le permite abandonar Europa definitivamente en compañía de su mujer Lotte, una antigua secretaria con la que había contraido matrimonio en 1939. Tras varias estaciones, entre otras New York y Argentina, decidirán instalarse en Brasil, un país con pocos exiliados y, sobre todo, un país que dificilmente se vería arrastrado a la guerra. El matrimonio elige Petrópolis, cerca de Rio de Janeiro, como lugar de residencia y llevan allí una vida retirada y lejos de los ámbitos intelectuales. A pesar de ello, y en la medida que le fue posible, Stefan Zweig siempre estuvo dispuesto a ayudar.

A medida que Alemania cosechaba éxitos militares el escritor se iba sumiendo visiblemente en una depresión cada vez más profunda y refugiándose cada vez más en su trabajo en el que a pesar de las circunstancias siguió siendo sorprendentemente productivo y con el que siguió cosechando éxitos.

Sin embargo en su interior Stefan Zweig sentía que todos sus valores habían sido destruidos y que la destrucción era demasiado grande para poder soportarla. Pocos meses después de cumplir sesenta años y tras completar su autobiogafía se quitó la vida junto a su mujer. El escritor fue enterrado en Brasil con una ceremonia oficial y tras ésta miles de personas se congregaron en un espontáneo cortejo fúnebre para darle el último adios.

El suicidio de Stefan Zweig fue un duro golpe para muchas personas ya que en los años anteriores no había hablado practicamente con nadie de sus depresiones, cada vez más graves, y se había esforzado hasta el último momento en ayudar y animar a sus amigos.

Thomas Mann, en su consternación, se atrevió incluso a ejercer en una carta la crítica:"¿Podía él regalar al enemigo mortal la gloria de que otra vez uno de nosotros se hubiera rendido, declarado su quiebra y se suicidara? Él era tan individualista como para no preocuparse por ello." Años más tarde revisaría este juicio y entonces escribiría: "Nunca fue llevada una fama mundial tal con tanta modestia."

Pero sobre todo, ante la magnitud de la obra de Zweig, nos queda una gran herencia para la cultura europea y una personalidad arrolladora que nos ha impresionado. Y queda el convencimiento de que las raíces humanistas de la vieja Europa, que Stefan Zweig nos ha acercado con la fuerza moral de los vencidos, posee aún hoy una gran actualidad.


Declaracao

Antes de partir de la vida, con pleno conocimiento, y lúcido, me urge cumplir con un último deber: agradecer profundamente a este maravilloso país, Brasil, que me ofreció a mí y a mi trabajo una estancia tan buena y hospitalaria. Cada día aprendí a amar más este país, y en ninguna parte me hubiera dado más gusto volver a construir mi vida desde el principio, después de que el mundo de mi propia lengua ha desaparecido y Europa, mi patria espiritual, se destruye a sí misma. Pero después de los sesenta se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo. Y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. De esta manera considero lo mejor, concluir a tiempo y con integridad una vida, cuya mayor alegría era el trabajo espiritual, y cuyo más preciado bien en esta tierra era la libertad personal. Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto.

 

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