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Quema de libros, 1933
Lotte, su segunda mujer
Película basada en La novela de ajedrez
Con Joseph Roth, 1936 "Roth es por desgracia un loco, si bien uno encantador. ¡Que hombre tan maravilloso se va a pique!"
Entierro en 1942 en Petrópolis |
Exilio Los primeros cuatro años en Gran Bretaña Stefan Zweig conservó
su nacionalidad austríaca y gozó de absoluta libertad personal
por lo cual la ruptura con la patria no fue abrupta ni definitiva y durante
ese tiempo visitó regularmente a su mujer y su familia. Los años anteriores al estallido de la segunda guerra mundial, Stefan Zweig realizó numerosos viajes para dar conferencias. En esta época quedó impresionado por el número de asistentes a sus conferencias y por el recibimiento que se le hacía en muchos países de Sudamérica. Sin duda este hecho influiría más tarde en la decisión de instalarse en Brasil cuando abandonó definitivamente Europa. Su éxito y su prestigio intelectual, acompañado de una acomodada situación económica, le sirvió además para ayudar a muchos emigrantes que no disponían de los mismos medios que él. Stefan Zweig no solía hablar de ello pero muchas anecdotas han llegado a nosotros a través de amigos y conocidos del escritor. Así por ejemplo, Hemann Kesten escribía: "Antes de la guerra dos escritores alemanes en el exilio estábamos sentados en un restaurante de París."¿Qué tal está Ernst Weiß?", preguntó Zweig. "Mal", dije yo, "Weiß no tiene dinero." Otro día fui a las Tullerías a pasear y me encontré casualmente a Ernst Weiß. "Ayer me visitó Zweig", me contó. "Vino a pie, subió hasta mi buhardilla en el sexto piso y me obligó a leerle de mi nueva novela. Entonces me regaló 8000 francos. "De eso puede vivir dos o tres meses", le dije. "Sí" contestó Weiß. "Pero ¿ha leído la novela de Zweig? Sólo plagios. He encontrado en Zweig, ligeramente dañado claro, uno de los personajes de mi novela sobre la inflación." "¿Le ha contado esto a Zweig?" "Naturalmente. Se rio y me aconsejó escribirle si volvía a necesitar dinero." "Lo haré", le dije. "Se rio. Es rico. Tiene éxito. Es un hijo de la fortuna.". El exilio voluntario de Zweig terminó en 1938 con la ocupación
alemana de Austria. Su pasaporte quedó invalidado y se vio obligado
a solicitar un documento británico para personas sin Estado. De
este modo se convertía en un solicitante de asilo en un país
que respetaba pero que no había llegado a sentir como propio. Con
la entrada de Inglaterra en la guerra la libertad personal del escritor
se reduce drásticamente y se ve convertido en extranjero a duras
penas aceptado por la sociedad británica. En 1940, gracias a la
presión y las gestiones de sus amigos ingleses Stefan Zweig recibe
la nacionalidad británica. A medida que Alemania cosechaba éxitos militares el escritor se
iba sumiendo visiblemente en una depresión cada vez más
profunda y refugiándose cada vez más en su trabajo en el
que a pesar de las circunstancias siguió siendo sorprendentemente
productivo y con el que siguió cosechando éxitos. Sin embargo en su interior Stefan Zweig sentía que todos sus valores habían sido destruidos y que la destrucción era demasiado grande para poder soportarla. Pocos meses después de cumplir sesenta años y tras completar su autobiogafía se quitó la vida junto a su mujer. El escritor fue enterrado en Brasil con una ceremonia oficial y tras ésta miles de personas se congregaron en un espontáneo cortejo fúnebre para darle el último adios. El suicidio de Stefan Zweig fue un duro golpe para muchas personas ya que en los años anteriores no había hablado practicamente con nadie de sus depresiones, cada vez más graves, y se había esforzado hasta el último momento en ayudar y animar a sus amigos. Thomas Mann, en su consternación, se atrevió incluso a
ejercer en una carta la crítica:"¿Podía él
regalar al enemigo mortal la gloria de que otra vez uno de nosotros se
hubiera rendido, declarado su quiebra y se suicidara? Él era tan
individualista como para no preocuparse por ello." Años
más tarde revisaría este juicio y entonces escribiría:
"Nunca fue llevada una fama mundial tal con tanta modestia." Pero sobre todo, ante la magnitud de la obra de Zweig, nos queda una gran herencia para la cultura europea y una personalidad arrolladora que nos ha impresionado. Y queda el convencimiento de que las raíces humanistas de la vieja Europa, que Stefan Zweig nos ha acercado con la fuerza moral de los vencidos, posee aún hoy una gran actualidad.
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