La obra de Anna Seghers está marcada por una experiencia que conoció de primera mano: la del refugiado que huye, espera y busca un país que lo acoja. Pocos libros han narrado la condición del exiliado con la precisión y la sobriedad de sus dos grandes novelas de los años cuarenta.
Netty Reiling, de Maguncia
Anna Seghers nació en 1900 en Maguncia (Mainz) con el nombre de Netty Reiling, en una familia judía. Estudió historia del arte y filología, se doctoró con una tesis sobre lo judío y lo cristiano en la obra de Rembrandt y comenzó pronto a publicar relatos. En 1928 obtuvo el prestigioso premio Kleist y se afilió al partido comunista, dos hechos que definirían su trayectoria literaria y política.
Los primeros libros
Su primer gran éxito llegó en 1928 con La rebelión de los pescadores de Santa Bárbara, la novela corta que le valió el premio Kleist y fijó ya los rasgos de su escritura: la atención a las comunidades humildes, la sobriedad del relato y el interés por la acción colectiva más que por el héroe individual. En aquellos años Seghers se movía en los círculos literarios de izquierda de la República de Weimar, antes de que el ascenso del nazismo lo cambiara todo.
La huida
Tras la llegada de los nazis al poder en 1933, Seghers —judía, comunista y mujer pública— tuvo que huir. Pasó por Suiza y se instaló en Francia. Cuando la guerra alcanzó también a Francia, quedó atrapada, como tantos otros, en el sur no ocupado, a la espera de visados y barcos. De aquella espera angustiosa en Marsella nacería una de sus obras mayores.
La séptima cruz y Tránsito
La séptima cruz (1942) narra la fuga de siete prisioneros de un campo de concentración alemán. El comandante manda clavar siete cruces para escarmiento; seis se llenan, pero la séptima queda vacía, porque uno de los fugados logra escapar. La novela, escrita en el exilio y publicada primero en traducción, tuvo un enorme eco internacional y mostró al mundo la realidad de los campos antes de que terminara la guerra.
«Tránsito» es la novela de la sala de espera: gente sin patria que persigue un sello, un visado, un pasaje, mientras el tiempo se agota.
Tránsito (1944) traslada a la ficción la experiencia de Marsella: un refugiado asume la identidad de un escritor muerto para conseguir los papeles que le permitan embarcar. Es un retrato exacto de la burocracia del exilio y de la identidad que se disuelve cuando se ha perdido todo lugar propio.
El eco internacional
La séptima cruz tuvo una segunda vida fuera del libro. Publicada en Estados Unidos, fue elegida por el Book-of-the-Month Club y llevada al cine por la Metro-Goldwyn-Mayer en 1944, en una película dirigida por Fred Zinnemann y protagonizada por Spencer Tracy. Para muchos lectores y espectadores estadounidenses fue una de las primeras representaciones de los campos de concentración alemanes. Décadas después, Tránsito conocería también varias adaptaciones cinematográficas, entre ellas la del director alemán Christian Petzold, que trasladó la historia a un presente sin fechas.
El exilio mexicano
En 1941 Seghers logró por fin embarcar y llegó a México, que durante aquellos años acogió a numerosos exiliados europeos y españoles republicanos. En Ciudad de México siguió escribiendo y participó activamente en la vida cultural del exilio antifascista de lengua alemana. México fue para ella, como para tantos perseguidos, la tierra que ofreció refugio cuando Europa se había cerrado.
El regreso
Terminada la guerra, Seghers regresó a Alemania y se estableció en la zona oriental, la futura República Democrática Alemana, donde llegó a presidir la asociación de escritores. Su figura quedó así ligada a la literatura de la RDA, no sin tensiones con el poder. Por encima de las etiquetas políticas, su obra perdura como uno de los grandes testimonios literarios del siglo de los refugiados, en diálogo con la de otros exiliados de lengua alemana como Stefan Zweig.