Tierra de Nadie
Retrato literario evocador del escritor vienés Stefan Zweig en su escritorio

Exilio

Stefan Zweig:
vida, obra y exilio

El escritor vienés Stefan Zweig (1881-1942): sus novelas y biografías, su humanismo europeo y el exilio que lo llevó de Austria a Brasil.

Durante los años veinte y treinta, Stefan Zweig fue uno de los autores más leídos y traducidos de Europa. Vienés, cosmopolita y pacifista, encarnó como pocos la cultura centroeuropea anterior a las guerras mundiales; y su biografía, que termina en el exilio brasileño, se convirtió ella misma en un símbolo del destino de esa cultura.

Viena, 1881

Stefan Zweig nació en Viena en 1881, en una familia judía acomodada. Se formó en el ambiente intelectual de la capital del imperio austrohúngaro, viajó por Europa, la India y América, y trabó amistad con figuras como Romain Rolland, Sigmund Freud y Richard Strauss. De aquellos años nace su convicción más constante: la idea de una Europa unida por la cultura por encima de las fronteras nacionales.

El narrador de la intimidad

Zweig alcanzó la fama sobre todo como autor de relatos y novelas cortas de gran intensidad psicológica. Carta de una desconocida, Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Confusión de sentimientos o Mendel el de los libros exploran el deseo, la obsesión y el desarraigo con una prosa precisa y conmovedora. Su única novela larga publicada en vida, La piedad peligrosa, lleva esa misma mirada a una historia de compasión y culpa.

Zweig escribía sobre personas atrapadas por una pasión única; sus exilios interiores anticipan el exilio real que viviría su autor.

El biógrafo y el cronista

Junto a la ficción, Zweig cultivó la biografía como género literario. Retrató a María Antonieta, a Fouché, a Magallanes y a Erasmo de Róterdam, y en Momentos estelares de la humanidad condensó episodios decisivos de la historia en breves escenas narrativas. En todos ellos buscaba lo mismo: el instante en que un individuo se enfrenta a las fuerzas de su tiempo.

El europeo y la música

Zweig fue también un apasionado coleccionista de manuscritos y autógrafos de grandes creadores, en los que veía el rastro físico del acto creador. Su prestigio era tal que el compositor Richard Strauss le pidió el libreto de la ópera La mujer silenciosa (1935); cuando el régimen nazi descubrió que el autor del texto era judío, prohibió la obra tras unas pocas representaciones. El episodio resumió la situación de Zweig: celebrado en toda Europa y, al mismo tiempo, expulsado de la cultura alemana a la que pertenecía.

El exilio y El mundo de ayer

El ascenso del nazismo destruyó el mundo que Zweig representaba. Sus libros fueron prohibidos y quemados en Alemania. Abandonó Austria en 1934, vivió en Inglaterra y, tras el estallido de la guerra, cruzó a los Estados Unidos y finalmente a Brasil. En El mundo de ayer, escrito en el destierro, reconstruyó de memoria la Europa segura y liberal de su juventud, consciente de que ya había desaparecido.

En febrero de 1942, en la ciudad brasileña de Petrópolis, Zweig y su esposa Lotte se quitaron la vida. En su nota de despedida explicó que, agotadas sus fuerzas y perdida «su patria espiritual, Europa», no se sentía capaz de empezar de nuevo. La noticia recorrió el mundo como el epitafio de toda una civilización.

Novela de ajedrez

En el destierro brasileño Zweig escribió su última obra de ficción, Novela de ajedrez, publicada póstumamente. En ella, una partida a bordo de un trasatlántico sirve para narrar cómo un hombre, aislado y torturado psicológicamente por la Gestapo, conserva la cordura jugando mentalmente al ajedrez. Junto al ensayo Brasil, país del futuro, es el testimonio de sus últimos años: la mirada lúcida de quien observa desde lejos el derrumbe de la Europa que había sido su hogar.

Una obra que vuelve

Durante décadas la crítica miró a Zweig con cierta distancia, reprochándole un exceso de sentimiento. Pero su obra no ha dejado de reeditarse y de inspirar adaptaciones al cine y al teatro. Su defensa de una Europa cosmopolita, su mirada compasiva y su testimonio del exilio lo mantienen entre los autores de lengua alemana más vivos para el lector contemporáneo, junto a otras voces del destierro como la de Anna Seghers.

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